La serie de infraestructuras defensivas de Santoña son una de las muestras más interesantes de arquitectura e ingeniería civil del municipio y componen uno de los conjuntos más singulares de la costa cantábrica. Se compone de dos baterías de las segunda mitad del XVIII, dos reductos y un fuerte de época napoleónica, dos complejos de fortificaciones acasamatadas de mediados del XIX, cuatro baterías a barbeta del XIX, un cuartel de finales del XIX, una puerta monumental de recinto amurallado, dos polvorines con cuarteles y edificios anexos, almacenes de víveres y repuestos y viviendas para oficiales y tropa. Entre los elementos referidos sobresale el fuerte de San Martín, una de las estructuras más antiguas, que ya existía en el momento del asalto francés de 1639; a lo largo de su historia ha sido objeto de sucesivas reformas en 1668, 1710 y 1794; debe su aspecto actual al proyecto de Antonio del Rivero y Saturnino Fernández acometido en 1863 (fue ejemplarmente restuarado por la Escuela Taller a partir de 1986). Cerca de esta fortaleza se encuentra otro antiguo fuerte, llamado de San Carlos, levantado sobre el llamado castillo de la Torrecilla en 1668 y reformado como el de San Martín en 1863. Del siglo XVIII, es de reseñar la batería de San Felipe, cuyo origen se remonta a un informe de 1739. Está ubicada en la Peña del Fraile y estuvo en funcionamiento hasta 1808, cuando fue destruida por el ejército napoleónico. Del periodo de ocupación francesa destacan los vestigios del fuerte de Napoleón, también llamado del Mazo, fue erigido hacia 1811-1813 por orden directa del Emperador, en su exterior sólo se aprecia la puerta de entrada y el muro que lo rodea. El fuerte de Napoleón, el fuerte de San Carlos, el fuerte de San Martín, la batería de San Martín Alto y la batería baja de Galvanes fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1992.