En torno al arenal de Langre, en el borde de los acantilados, aparecieron a comienzos de la década de los noventa del pasado siglo dos yacimientos prehistóricos en los cuales se recuperaron abundantes materiales líticos (118 piezas) y cerámicos que van desde el Neolítico al Calcolítico (yacimientos llamados Langre I y II, excavados en 1993). Los vestigios han llevado a concluir que la zona estuvo intensamente ocupada en los periodos referidos. En las cercanías se localizan los yacimientos de Galizano, Cucabrera, Los Tranquilos, isla Santa Marina y Loredo, que arrojaron evidencias que van del Mesolítico al Calcolítico.
Respecto de la arqueología romana, en la llanura de Galizano se localiza un yacimiento en el que se pudo recuperar, además de un conchero, restos de tégulas y ladrillos, lo cual ha llevado a considerar que se trata de los restos de un pequeño asentamiento, indígeno-romano, similar al de El Gurugú (El Astillero).
En cuanto a la arqueología subacuática, el Museo Marítimo del Cantábrico, actuando a través del Laboratorio para Investigaciones Subacuáticas, ha realizado la llamada Carta Arqueológica Subacuática de Cantabria que ha incluido actuaciones en la costa de Ribamontán. En concreto, en el puntal de Somo se localizaron a comienzos de la década de los noventa del pasado siglo, los restos de dos pataches naufragados, así mismo se reconocieron frente a los acantilados de Langre, los vestigios del acorazado España, hundido durante la Guerra Civil y recostado a 50/60 m de profundidad.
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