El núcleo urbano de Escalante se remonta a comienzos del siglo XIV y sigue el esquema ortogonal que presentan las calles de las villas costeras de jurisdicción real, levantadas en aquella época. En la actualidad, está considerado uno de los más interesantes y coherentes de la comunidad autónoma, con sus calles flanqueadas por casas en hilera, de solanas entre contrafuertes, levantadas a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX.
Entre los edificios civiles, son emblemáticos el bloque de las casas consistoriales y la casa-torre de los Guevara, que simbolizan a los dos antagonistas en un conflicto de poder que marca buena parte de la historia de Escalante. El primero, reformado a finales del siglo XIX por Joaquín Mazas, conserva el soportal datado en el siglo XV. El segundo es un complejo cuyo origen se remonta al siglo XV. Integra un bloque central flanqueado por dos torres y fue remodelado en el XVII. Presenta una fachada de sillería de dos pisos y un soportal, precedido por dos arcos escarzanos que dan paso a dos puertas, de los siglos XVI y XVII.
Otras casonas de interés son el conjunto compuesto por la casa de los Agüero, de la segunda mitad del siglo XIX, y la ermita de Nuestra Señora de la Consolación, de la primera mitad del siglo XV; la casa del licenciado Juan de Lamadriz, del siglo XVI; la casa de Castillo, la casa de Venero y la casa y capilla de Santelices, levantadas en el siglo XVII; y la casa de Jado, solar de la familia Santelices, construida en el XVIII.
En Escalante han sobrevivido varias instalaciones de molienda. La más célebre es el molino de mar de Cerroja, propiedad del concejo de Escalante y documentado desde el siglo XVI (se le suele identificar con uno datado en el siglo XI). Otro de los molinos conservados el de Riomolino, documentado a finales del XVIII.
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