Eugenio Fernández Quintanilla.

Arquitecto. (¿?–1932). Desarrolló su carrera profesional entre Madrid y Santander, ciudad de la que llegó a ser arquitecto municipal, formando parte del inquieto y renovador equipo presidido por Gustavo Fernández Balvuena. En el Ayuntamiento de Madrid dirigió la oficina autónoma Información sobre la Ciudad.
Se tituló en 1913. Aunque colaboró con los arquitectos más solventes de su época, su relación profesional más estrecha y certera la tuvo con su compañero de promoción Secundino Zuazo Ugalde. Su proyecto conjunto para el edificio de las Casas Correos de Santander (1918-1925), fue elegido en concurso en 1915 y marcó el inicio de su carrera. Las líneas arquitectónicas regionalistas de este importante monumento santanderino, sitúan a Quintanilla en la tendencia arquitectónica del historicismo regionalista que entonces se había impuesto en la ciudad y el resto de la región.
Sin embargo, pronto dio muestras de que sus inquietudes creativas no iban tanto por la vía del historicismo formal acrítico y arqueologizante, sino que perseguía equilibrar en su lenguaje formal y compositivo la tradición y la modernidad. Modernidad era para él aceptar los entonces incipientes procesos industriales, el invento, el proceso tecnológico. Tradición equivalía a conservar y adaptar el estilo, si bien haciéndole perder su habitual hegemonía prevalente.
Tradición, historia, carácter y genio individual compositivo y creativo, siempre necesario para conformar la arquitectura moderna, acomodándola al paisaje, al tono étnico del país, al cielo, al espíritu ambiente...
Con distintas intensidades, la evolución y la búsqueda de este equilibrio, posible y actualizado de tradición y modernidad, se detecta en varias las obras posteriores que Fernández Quintanilla proyecta para Santander. Entre ellas se cuentan : el hotel de Benjamín del Río, en la calle Duque de Santo Mauro (1917); el grupo de casas de alquiler en la antigua calle del General Espartero, números 9, 11 y 13 (1920-1923); la casa de familia de Manuel Suárez Inclán, en el paseo Sánchez Porrúa (1920); la casa de familia de Eduardo Pérez del Molino, próxima a la avenida de Los Infantes (1922); el colegio de los Escolapios (1927), para alcanzar, no ya la sobria sencillez y la eliminación de lo superfluo, sino el puro despojamiento y la plasticidad evidenciada de los nuevos materiales en su último proyecto local, el Teatro-cine María Lisarda Coliseum, en la plaza de los Remedios, del año 1929, dentro del racionalismo ecléctico, con influencias del art-decó; y la casa principal de la antigua finca Valdenoja, en Cueto (1931). Falleció en 1932.

(Fuente: Gran Enciclopedia de Cantabria)

 
cerrar