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Del legado renacentista y barroco arquitectónico civil de Santander cabe resaltar la casa y torre de Riva Herrera, en el barrio de Pronillo, declarado en 1979 Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento. Está considerado el primer edificio renacentista de la ciudad y se inspira en la arquitectura palacial burgalesa de villas suburbanas del siglo XVI. Combina elementos de tradición gótica, como la bóveda de crucería de arcos apuntados apoyados en ménsulas de la capilla, con otros clásicos, como los capiteles del pórtico, abierto en arcos escarzanos. El conjunto, hoy en estado de abandono, estaba formado por torre, murallas, portalada con escudo de armas de la familia y casa noble. Las muestras de arquitectura de aquellos siglos que se encontraban en el centro de la ciudad desaparecieron a raíz del incendio de Santander en 1941 y su posterior reconstrucción. Entre ellos destacaban el ayuntamiento, construido a finales del XVI y reformado en el XVII, el palacio de Riva-Herrera y la casa del marqués de la Conquista Real.

En la segunda mitad del siglo XVIII, se produjo una importante expansión urbanística de la villa gracias al despegue económico que trajeron consigo la conversión de Santander en sede episcopal en 1754, la concesión del título de ciudad en 1755 y, sobre todo, la habilitación del puerto de Santander para comerciar libremente con las colonias americanas en 1778. Las obras acometidas en esta época están inmersas en las ideas de regularidad y orden que el pensamiento ilustrado transmite a la arquitectura y el urbanismo. A este periodo se corresponden los cuatro primeros bloques situados en el paseo Pereda (números 1-2, 3-4, 5-6 y 7-8). Fueron levantados a finales del XVIII, a partir de un proyecto de ampliación del puerto y nueva población fechado en 1765 del ingeniero catalán Francisco Llovet, autor del barrio de La Barceloneta. Se trata del primer ejemplo de casas de vecinos estandarizadas que se erigen en la villa; sucesivas reformas acometidas en los siglos XIX y XX, han alterado el aspecto homogéneo que ofrecían estas casas, en el pasado acompañantes de la desaparecida Real Casa de la Aduana. (El Paseo de Pereda y la continuación por Castelar fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1985).

Otros ejemplos de arquitectura ilustrada santanderina se deben al vizcaíno José Alday Fernández, Maestro Mayor de Obras de la ciudad entre 1777 y 1819, muy vinculado al Real Consulado y al Obispado de Santander. Se trata del Antiguo Hospital de San Rafael (Parlamento de Cantabria) y la Casa de los Arcos de Dóriga (Hernán Cortés). El hospital fue proyectado en 1787 y construido en 1791. Se trata de un gran cuerpo cúbico organizado en torno a un gran patio central; presenta fachada de sillería con nueve arcos formando un soportal; permaneció activo como hospital hasta la construcción de la Casa de Salud Marqués de Valdecilla. En la actualidad es sede del Parlamento de Cantabria, tras una rehabilitación concluida en 1987, basada en un diseño de José Manuel Sanz Sanz y Juan López-Rioboo Latorre en el que colaboró Luis de la Fuente Salvador. En 1993 fue declarado Bien de Interés Cultural. En cuanto a la casa los Arcos de Dóriga, se trata del único bloque de un proyecto de plaza cubierta por soportales. Fue diseñada hacia 1815 y construida en 1818. También se atribuyen a Alday las llamadas Casas de Pedrueca (Pedrueca 1), sede de la Fundación Marcelino Botín. Su construcción se remonta al año 1793, fueron objeto de una reforma en 1911 a cargo de Javier González Riancho y de una segunda en 1982 de la cual fue responsable Julián Ortega.

Mediados del XIX: Zabaleta
El crecimiento iniciado a finales del XVIII, se consolidó y continuó a lo largo del siglo XIX. En estos años se fueron completando los bloques correspondientes al ensanche hacia el este de las antiguas pueblas concebido en la centuria anterior. En estas primeras décadas fueron concluidos, entre otros, los bloques sexto, séptimo, octavo, noveno, décimo y undécimo del Muelle (Paseo Pereda 13-29). A mediados del siglo destacan, los proyectos ejecutados por Antonio Zabaleta, arquitecto madrileño que había residido durante una larga temporada en París y Roma donde fue partícipe los debates arquitectónicos del momento en torno al uso de nuevos materiales (hierro) y la búsqueda y aplicación de un estilo acorde con la época (historicismo/eclecticismo). Después de pasar por Madrid se estableció en Santander. Su primer proyecto en la ciudad fue la Casa de los Arcos de Botín (1838-1840), bloque sobrio y estilizado de cuatro pisos, de planta rectangular y bajos comerciales resaltados por una gran galería porticada, sobre los que se asientan las tres plantas superiores destinadas a viviendas. Destaca de su fachada principal el amplio soportal de piedra de arcos de medio punto. En 1839 Zabaleta se hizo cargo del Plan Municipal de Mercados (1839-1842). De los tres construidos seguidamente (del Este, de Atarazanas y Pescadería) se ha conservado el Mercado del Este Santander (1840-1841). E n este pabellón introduce el tema de la galería comercial de raíz parisina, como paseo público cubierto por una armadura ferrovítrea –es una de las primeras experiencias españolas con el cristal–. Este mercado fue rehabilitado y ampliado a partir de 1998, sobre un proyecto del arquitecto Carlos Riaño. Fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento en 1986. Por último reseñar otros dos proyectos de Zabaleta en la capital cántabra: el desaparecido puente de Vargas y la iglesia de Santa Lucía, concluida en 1868.

Contemporáneo a las obras de Zabaleta es el colegio de la enseñanza, el complejo escolar más antiguo que ha sobrevivido en Santander. Fundado por las religiosas de la Compañía de María en 1855, se trata de un edificio de planta rectangular con dos patios flanqueando la capilla, en el centro de la fachada.

Renovación pública finisecular
La explosión en 1893 del barco Cabo Machichaco significó alejar el centro urbano de la fachada marítima y enterrar definitivamente la idea de hacer de los terrenos de marisma llamados de Maliaño el nuevo eje de la ciudad. A raíz de la catástrofe se aprobó el Plan Extraordinario de Obras Municipales, coordinado por el arquitecto municipal Valentín R. Casalís entre 1896 y 1898. Éste incluye la reconstrucción del Mercado del Este, la erección de dos escuelas, una nueva pescadería en Atarazanas, un nuevo mercado de abastos y un nuevo ayuntamiento –estos dos sobre el solar que antaño ocupara el convento de San Francisco–. El palacio-ayuntamiento fue proyectado en 1897 por Julio María Martínez Zapata, se comenzó a edificar en 1898 –en 1964, fue reformado por Gonzalo Bringas y Gabriel de la Torriente–. De planta rectangular y tres pisos, se organiza simétricamente respecto al eje central de la entrada, sobre la que se ubica el palco del alcalde y el reloj. No presenta excesiva ornamentación, aunque alterna diferentes elementos decorativos, como columnas, bolas, escudos, etc. El gran Mercado de la Plaza de la Esperanza fue proyectado por los arquitectos Eduardo Reynals y Toledo y Juan Moya e Idígoras e inaugurado en 1904. Este edificio, de planta rectangular y dos alturas, se apoya sobre una amplia base de piedra y tiene una estructura metálica ferrovítrea con columnas y capiteles al estilo corintio. Fue rehabilitado en 1977. Enmarcado también dentro de las respuestas a la catástrofe del Machichaco se cuenta el Parque de Bomberos Voluntarios de la plaza de Numancia. Inaugurado en 1905, fue proyectado por el arquitecto Valentín R. Lavín Casalís; presenta dos torres una cilíndrica levantada en la esquina. En el interior destaca el patio poligonal con la estructura de hierro a la vista cubierto por una lucerna de hierro situada a casi 15 metros de altura.

Cercanas en el tiempo a estas obras son la plaza de toros, el Colegio de María Auxiliadora de los PP. Salesianos, el Instituto Santa Clara y las sedes de dos instituciones mercantiles: el Banco Mercantil y la sede principal del Monte de Piedad (Edificio Modesto Tapia/sede de la Obra Social y Cultural de Caja Cantabria). El coso de Cuatro Caminos fue diseñado acudiendo a un repertorio neomudéjar por el arquitecto Alfredo de la Escalera en 1889 y se inauguró el 25 de julio de 1890. Se trata de un recinto de 19.151 m2 con forma de polígono regular de 16 lados, que encierra un ruedo de 50 m de diámetro y un aforo para once mil personas. El Colegio de María Auxiliadora de los PP. Salesianos, construido entre 1894 y 1912, parte de un proyecto gotizante de Emilio de la Torriente y Aguirre que toma como modelo Seminario de Comillas, simplificándolo y adaptándolo a unos recursos más limitados. El Instituto Santa Clara proyectado en 1911 por Francisco de los Cobos y Lorenzo Gallego y levantado sobre el recinto que ocupara el antiguo convento homónimo.

El Banco Mercantil fue diseñado en 1900 por el Casimiro Pérez de la Riva. Siguiendo los excesos escenográficos de los edificios administrativos finiseculares, el arquitecto retranquea el edificio en la manzana para crear una pequeña plaza que precede este lujoso bloque de muros almohadillados y cuatro torres cilíndricas en las esquinas que se elevan sobre las fachadas del entorno. La Obra Social y Cultural de Caja Cantabria tiene su sede en el Edificio Modesto Tapia, en origen sede principal del Monte de Piedad. La construcción fue proyectada en 1904 por el arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner a instancias del segundo marqués de Comillas, Claudio López Bru, coimpulsor de la caja de ahorros (se encargaba de la administración del legado que su padre Antonio López dejó para el Monte de Piedad, el cual se unía una suma de dinero testada para fines benéficos por el burgalés afincado en Cantabria Modesto Tapia). Las obras comenzaron el 31 de junio de 1905 y de su dirección se encargó el arquitecto laredano Joaquín Rucoba, que sustituiría a Casimiro Pérez de la Riva. En la construcción, inaugurada el 29 de junio de 1907, se empleó piedra de escobedo, hierro y cemento y se la dotó de los más modernos servicios (calefacción, montacargas eléctrico...). El bloque está dominado por una torre situada en la esquina achaflanada y cargado de citas renacentistas en forma de bustos, escudos, balaustradas y otros detalles, que hacen presagiar la arquitectura regionalista montañesa.

Arquitecturas privadas de la Restauración, eclecticismo, pintoresquismo
Además de las actuaciones constructivas públicas acometidas a finales del XIX, principios del XX. En las décadas de la segunda mitad del siglo XIX se acometieron numerosas obras, que han sobrevivido al paso del tiempo, muchas de ellas enmarcables dentro de las corrientes eclécticas decimonónicas. Entre ellas se cuentan las proyectadas por el arquitecto santanderino Atilano Rodríguez Collado, destacando la casa-palacio de Juan Pombo (Club de Regatas), proyectada en 1861, y la última manzana del muelle (Pereda 35-36-37), compuesta por tres cuerpos: el 35 promovido por Lino de Villa Ceballos, en 1872; el 36 fue el ‘hotel de viajeros’ de Ángel Pérez (1875); y el 37, fue promovido por Emilio Botín (1875). Por último reseñar otros dos proyectos de Rodríguez Collado: el colegio San José (1882) y concebido en principio como asilo de niñas pobres y la excéntrica casa Cortiguera (1888), de aires neoárabes.

Otros ejemplos de arquitectura finisecular adaptada a la vivienda particular son la Quinta Labat (1895, avda. de los Infantes, 32), atribuida a Casimiro Pérez de la Riva; Villa Carmina y Villa Rosa (1898, Carmen 31-33) y el edificio Sotileza (1898, Carmen 35), de Emilio de la Torriente y Aguirre; Villa Pepita y villa Maruja (Menéndez Pelayo, 56-58) de Jesús Yanguas); y el hotel de familia de Victoriano López Dóriga (1913, Carmen 1913) de Alfredo de la Escalera. Entre los ejemplos de bloques de vivienda son de reseñar los edificios de la calle del Carmen nº22-24 (1903) de José Ramón Ortiz, y nº 25-27 (1909) de Manuel Casuso Hoyo; y el conjunto Calderón de la Barca/Méndez Núñez (1894-1915) de Emilio de la Torriente y Aguirre (Calderón de la Barca 3,5), Casimiro Pérez de la Riva (Calderón de la Barca, 7), Atilano Rodríguez Collado/Pedro Setién (Calderón de la Barca, 9) y Valentín R. Lavín Casalís (Méndez Núñez, 9).

El Sardinero y el Palacio de La Magdalena
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, empieza a consolidarse el entorno de El Sardinero  como estación balnearia con la presencia cada vez más frecuente de la realeza a partir de la década de los sesenta. Entre esta sección y el centro se abren el paseo de la Concepción, en 1864 (avenida Menéndez Pelayo), y la carretera a la Magdalena (Pérez Galdós) en 1877, que descienden hasta lugares que terminarán por convertirse en referente obligado de la temporada estival santanderina: la plaza del Pañuelo (plaza de Italia), La Magdalena y Piquío. En estas secciones de la ciudad se irán instalando numerosas residencias familiares y junto a las playas se abrirán diversas instalaciones balnearias. Entre las más antiguas se cuentan el Gran Hotel de El Sardinero y hotel París. El gran hotel fue construido hacia 1870; se atribuye el proyecto al arquitecto Atilano Rodríguez, fue reformado en 1915 y 1960. El hotel París, austero y con planta en forma de U, sobrevive en la antigua avenida de los hoteles, se data en el año 1875. (El conjunto histórico de una zona de El Sardinero fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1986).

Uno de los mayores proyectos arquitectónicos y urbanísticos emprendidos en esta parte de la ciudad fue el complejo residencial de la península de La Magdalena para uso y disfrute de la familia real durante la temporada estival. En lo alto de esta plataforma situada en un extremo de la bahía de Santander se erigió el palacio de la Magdalena centro simbólico de este plan. El Palacio de la Magdalena fue proyectado por los jóvenes arquitectos Javier González Riancho y Gonzalo Bringas Vega El edificio es un complejo plagado de citas centroeuropeas y anglosajonas, en homenaje a la reina inglesa. Presenta planta asimétrica con forma de T con fachadas retranqueadas, con entrantes y salientes que forman distintos cuerpos rematados con tejado a modo de triángulos de hastial. Destacan de la fachada principal los dos torreones octogonales de altura desiguales y la escalinata central de doble tramo. En su construcción se empleó piedra de mampostería, sillería de caliza, sillarejo, losa y maderas. El 4 de agosto de 1913, ondeó por primera vez la bandera sobre el mástil. El parque fue diseñado en 1911 en estilo inglés por Juan Gras y Prats, jardinero mayor de la Real Casa de Campo desde 1901, la afición de Alfonso XIII al polo, haría crear en un lateral de la península un campo apropiado para la práctica de dicho deporte. Las caballerizas son obra de Javier González Riancho 1914 inspirada en los pabellones de la Osborne House residencia de Victoria Eugenia en la isla de Wight. En el exterior se levantó en 1924, la casa cuartel de los vigilantes de la Guardia Civil del Palacio. Durante la Segunda República el la residencia y sus dependencias anexas se transformaron en la pionera Universidad Internacional de Verano (1933-1938). Después de la Guerra Civil, la institución docente fue refundada en 1945 con el nuevo nombre Universidad Internacional Menéndez Pelayo y años después la antigua residencia real volvió a acoger buena parte de las actividades universitarias. Entre 1993 y 1995 el palacio, el edificio de caballerizas y el auditorio fueron rehabilitados conforme a un proyecto de Luis de la Fuente Salvador. El palacio y los jardines fueron declarados Bien de Interés Cultural en 1982.

La institucionalización de los veraneos regios supuso el impulso urbanístico definitivo del Sardinero. Entre otras novedades: en 1914 se estrenó el trazado de la nueva Avenida de Reina Victoria, construida a partir del Plan General de Ensanche Noroeste y Este de Santander, y se acondicionó el Paseo de Pérez Galdós. Entre las manifestaciones arquitectónicas asociadas al ocio estival que han de reseñarse se cuentan grandes proyectos como el Gran Casino y el Hotel Reina Victoria. El Gran casino es un edificio proyectado por Eloy Martínez del Valle (1913) y ubicado sobre el emplazamiento del antiguo, cuyo origen se remontaba al año 1890. Se trata de un gran bloque concebido realmente como una gran fachada escenográfica compuesta por dos torreones octogonales rematados por cúpulas enmarcando un cuerpo central, al que se accede por una escalinata; refuerzan la naturaleza decorativa del edificio los ventanales y una profusa decoración en la que se combinan frisos ornamentales, frontones y pilastras. El aristocrático Hotel Reina Victoria (Hotel Real) es otra de las piezas clave de la nueva ciudad-balneario. Se trata de un proyecto de Javier González de Riancho fechado en 1916. En esta construcción realizada en hormigón armado, acude al repertorio ornamental de los grandes hoteles europeos y lo combina con detalles propios del regionalismo montañés.

Regionalismo montañés
A comienzos del siglo XX, cristalizó en Cantabria y su entorno el llamado regionalismo montañés, una variante local extrema de los historicismos decimonónicos, nacida como reacción tradicionalista al modernismo, que está caracterizada por el empleo de un un repertorio de elementos estéticos (torres, solanas, artesonados de madera...) que quedan incorporados a cualquier todo tipo de proyectos. Esta corriente encontró en la persona del arquitecto castreño Leonardo Rucabado, su fundador y principal portavoz. Son varios los ejemplos que pueden verse en Santander enmarcados dentro de este movimiento tanto en vivienda privada como en edificación pública. Rucabado es autor de dos ejemplos de residencia privada: El Solaruco (1916), en el Paseo Menéndez Pelayo, y La Casuca (1917), en el cruce entre las calles Pérez Galdós y Duque Santo Mouro; y de un importante proyecto público: el complejo compuesto por la Biblioteca Menéndez Pelayo y la Biblioteca y Museo Municipal. Esta última, no obstante, alejada de la fórmula puramente montañesa. El proyecto le fue comisionado a Rucabado en 1916. En enero de 1917 presentó los planos del proyecto y un año más tarde dieron comienzo las obras. El complejo cultural consta de dos bloques, rectangulares e independientes dispuestos perpendicularmente en forma de L de manera que ante los dos se abre un pequeño jardín que se extiende hasta la esquina de las calles Gravina y Rubio y cierra un muro de mampostería interrumpido por pilares rematados con bolas entre las cuales se tiende una verja. Una de las construcciones sustituyó al antiguo pabellón que custodiaba los fondos bibliográficos de Menéndez Pelayo y fue inaugurado el 23 de agosto de 1923, el otro destinado a acoger la biblioteca y el museo municipales fue estrenado en 1925. En ambos edificios el arquitecto recurrió a ropajes barrocos y renacentistas que revelan influencias de la lectura que en Andalucía se hacía de la arquitectura de Juan de Herrera. En 1982 la biblioteca y la casa-museo de Menéndez Pelayo fueron declarado Bien de Interés Cultural, el Museo Municipal de Bellas Artes fue declarado Bien de Interés Cultural en 1962.

Ejemplos de arquitectura pública enmarcable dentro de la corriente estética montañesa son la casa de Correos y Telégrafos y la Casa de Salud Marqués de Valdecilla. La Casa de Correos y Telégrafos es obra de los arquitectos Secundino Zuazo y Eugenio Fernández Quintanilla, fue iniciada en 1918 y concluida ocho años más tarde. De planta rectangular, cuenta con un gran hall central en torno al cual están situadas las dependencias administrativas. La fachada principal está flanqueada por dos torres poligonales de altura desigual. La Casa de Salud Marqués de Valdecilla fue proyectado por el arquitecto de la Diputación Provincial Gonzalo Bringas Vega que partió de la idea de bloques lineales concebido por los primeros ganadores del concurso convocado para su edificación en 1919: Eloy Martínez del Valle, Francisco Urcola y Deogracias Mariano Lastra. El arquitecto, que contó con el asesoramiento del médico Wenceslao López Albo (primer director del centro de salud), siguió el ejemplo de otros complejos hospitalarios europeos y americanos, y concibió Valdecilla como un conjunto de veinte edificios y pabellones cuya altura no excedía de los tres pisos, intercomunicados por galerías y distribuidos en una zona ajardinada. Las obras comenzaron en 1921 (el año anterior se había colocado la primera piedra) sobre el solar comprado mediante suscripción pública por la Asociación para la construcción del Nuevo Hospital (constituida en 1918). En 1926, la falta de presupuesto para su continuación llevó a Ramón Pelayo de la Torriente, marqués de Valdecilla desde 1916, a asumir el patrocinio de la construcción. Aquel mismo año, tras la renuncia de Martínez del Valle y Urcola, Gonzalo Bringas asumió la terminación del proyecto. El complejo de pabellones de Valdecilla fue inaugurado en 1929. Por último reseñar otras dos edificaciones institucionales levantadas conforme al vocabulario regionalista: la Gota de Leche (1921), de Javier González Riancho, y el colegio público Ramón Pelayo (1928), del arquitecto Jorge Gallegos.

Son numerosas las residencias privadas erigidas conforme a la estética montañesa que todavía pueden verse. Entre ellas se cuentan dos precedentes que presagian las características del fenómeno: Los Pinares y Casa Pardo. el conjunto Los Pinares (1916), de referencias platerescas, planta cúbica con salientes asimétricos, diseñado por Lavín Casalís y situado en el Sardinero. La casa Pardo ‘El Promontorio’ fue proyectada en 1915, sobre un alto frente a la bahía por Javier González de Riancho. Responden al modelo típico del regionalismo: La Torrecilla (1918), de J. Ramón Sierra y Nales; Casa Muerza (1923, alto de Miranda), Quinta Maza (1924, Pérez Galdós), del arquitecto Gonzalo Bringas; la Quinta Altamira (1920, General Dávila), reformada por Valentín Lavín del Noval; la Quinta Ribalaygua (1924 Avda. Reina Victoria) de Deogracias Mariano Lastra.

Arquitectura de las primeras décadas del siglo XX
A comienzos de siglo A finales de los años veinte se empieza a introducir un nuevo más moderno y funcional. Este incipiente racionalismo coincide en el tiempo con la llegada a España del Art Decó popularizado en la Exposición Universal de París de 1925 y caracterizado por las geometrizaciones, los fuertes contrastes formales y cromáticos, las composiciones simétricas y las formas escalonadas. Dentro de la corriente racionalista se enmarcan el edificio de viviendas de la plaza de Juan Carlos I, 7-Fernández de Isla, 27, la Escuela de Vela ‘Isla de la Torre’ (1928-1930), la casa Cué (1930 Avda. Reina Victoria), la casa Sainz de Varanda (1930, ciudad jardín) y el Ateneo Popular de Santander (1935, Gómez Oreña/Pedrueca), ambos realizados por Deogracias Mariano Lastra; el recientemente desaparecido teatro-cine Coliseum (1929), de estilo art decó; el Edificio Siboney (1931, Castelar 7-9-11-13), de José Enrique Marrero Regalado; y el Club Marítimo (1933), de Gonzalo Bringas Vega, edificado sobre las aguas de la bahía. Por último citar la casa Pereda, en origen dos bloques racionalistas proyectados por F. Bergamín para él mismo y para A.F.Velilla diseñadas en 1931 y transformadas en un bloque más próximo a planteamientos del XIX, en 1956 por V. Lavín del Noval.

Contemporáneo de estos edificios, pero más próximos al XIX se cuentan edificios como el Banco Vitalicio (1919, Castelar), de Gonzalo Bringas; el Banco de España (1920, plaza de las farolas), de Eloy Martínez del Valle, Yarnoz Larrosa y Deogracias Mariano Lastra; el Gran Cinema (1922, calle Burgos), de Deogracias M. Lastra y Eloy Martínez del Valle –el antiguo edificio fue demolido y sólo se conserva la primitiva fachada–; el Palacete del Embarcadero (1932) de Aníbal y Javier González de Riancho –restaurado en 1985 y convertido en sala de exposiciones, encargándose de esta remodelación Estanislao Pérez Pita y Jerónimo Junquera–.

El incendio y la reconstrucción
Tras la Guerra Civil y el devastador incendio de febrero de 1941, la ciudad experimentó una profunda remodelación. Del proyecto de reconstrucción se encargaron los técnicos de la corporación municipal y la Dirección General de Arquitectura, que contó con la Junta de Reconstrucción, como encargada de aplicar sus directrices. El proyecto, que priorizó el máximo aprovechamiento del suelo urbano, corrió a cargo de los arquitectos Ramiro Sainz Martínez, Rafael Fernández Huidobro, José Fraile y el ingeniero Sánchez Murélaga. El plan supuso la aplicación de las teorías del Plan Nacional de Ordenación y Reconstrucción de 1939. Los únicos elementos patrimoniales que se mantuvieron fueron la catedral y la iglesia de la Compañía. El nuevo centro modificó el trazado viario e incluyó la creación de una plaza porticada, llamada a ser punto representativo de la ciudad. Se trata de un espacio concebido con evidente sentido escenográfico, conforme al modelo de las plazas mayores castellanas, en el cual se pensó concentrar los edificios oficiales representativos (Delegación de Hacienda y Gobierno Civil que flanquearían el acceso abierto al paseo Pereda; el Ayuntamiento, situado al fondo y ocupado finalmente por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Santander; y otros edificios públicos como la Casa del Movimiento y la de los Sindicatos Locales, finalmente Gobierno Militar y Cámara de Comercio). En 1943 Rafael F. Huidobro presentó el proyecto del Gobierno Civil, y el mismo año Bienvenido Marín, Ramón Sierra y José Villamón, diseñaron la Delegación de Hacienda; y en 1948 Valetín Lavín de Noval proyectó el Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Santander. Por último destacar entre los edificios levantados dentro del nuevo área los Almacenes Pérez del Molino (1943) de Juan José Resines Castillo.

A raíz del incendio se reunió a muchos de los residentes del antiguo centro y a otros colectivos de ciudadanos en distintas urbanizaciones. Entre éstas es de reseñar el barrio pesquero proyectado con el propósito de agrupar en él a la población de pescadores en un único barrio, de acuerdo con un proyecto de la Obra Sindical del Hogar. En 1942 comenzaron las obras del llamado Poblado de Maliaño siguiendo un proyecto presentado aquel mismo año por el arquitecto de la Dirección General de Arquitectura del Ministerio de la Vivienda, Carlos de Miguel. Se trataba de un complejo concebido como un islote autónomo ubicado en el interior del puerto y equipado con su propia iglesia, centro cívico, escuelas y otros edificios sociales, junto a una dársena dotada de embarcaderos y pabellones. No se llegó a construir en su totalidad y de buena parte se encargó el arquitecto Javier González de Riancho.

En el marco de la arquitectura de la posguerra y la reconstrucción se enmarcan también las Estaciones Centralizadas y la sede del Banco Santander (Paseo Pereda 9-10-11-12). Las Estaciones de Renfe y Feve fueron proyectadas por Luis Gutiérrez Soto (1940, inauguradas en 1947) y el ingeniero Carlos Fernández Casado, se trata de un conjunto arquitectónico de líneas simples y limpias compuesto por dos terminales enlazadas por una torre de pisos. La sede del Banco Santander se forma a partir de dos edificios simétricos unidos por un cuerpo, a modo de arco triunfal. El proyecto parte del bloque 11-12, proyectado por el arquitecto catalán Josep Oriol Mestres para Claudio López en 1881. En 1947, la entidad bancaria se trasladó a este edificio, ocupando también el contiguo. En 1952, el arquitecto Javier González Riancho proyectó la construcción en los números 9-10 de la réplica de la construcción de Oriol y del cuerpo de unión. El conjunto con su nuevo aspecto fue concluido en 1960.

Arquitectura a partir de los años cincuenta del siglo XX
Entre los edificios más representativos de finales de los cuarenta y cincuenta figuran la casa La Raula (1947, Pérez Galdós), de Luis Gutiérrez Soto; la casa Gorbeña (1953, Ramón y Cajal), de Gabriel de la Torriente; la Casa de Cultura (1949), el edificio y la nave Sotoliva (hacia 1950), el Edificio Central de la Universidad de Internacional Menéndez Pelayo, del arquitecto de la Diputación Provincial Ángel Hernández Morales; la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria (1957), de Ricardo Lorenzo; y el depósito de elaborados de Tabacalera (1958, Antonio López, 34) de Juan José Resines del Castillo.

En la década de los sesenta cabe reseñar, entre otros, el edificio de viviendas de Feygón (1967) del arquitecto Domingo Indalecio Lastra; el complejo residencial Feygón (1962), de la avenida de Pontejos de Ricardo Lorenzo y Domingo I. Lastra; la casa Los Químicos (1969, Avda. de los Infantes, 13) de Fernando Obregón Ansorena; y el Centro de Prevención y Rehabilitación para la Mutua Montañesa (1969, carretera del faro) de Emilio de la Torriente y Ángel Hernández Morales. De la década de los setenta son de citar edificios como la Estación Marítima (1971), de Ricardo Lorenzo; el edificio industrial de Biotern (1972) de Miguel Fisac; el Museo Marítimo y el Laboratorio del Instituto Oceanográfico (1975) de Vicente Roig Forner y Ángel Hernández Morales, reformado por Carlos A. Quintana Gutiérrez; y el centro de EGB de la Albericia (1979) de Álvaro Aritio y Pedro Herrero.

De la década de los ochenta son de destacar edificios como el Palacio de Justicia (1984), proyectado a partir del antiguo convento de Las Salesas por Francisco de Asís Cabrero, José Cabrero y Pío Jesús Santamaría; el palacio de festivales (Reina Victoria, 1985), de Francisco Javier Sáenz de Oíza; el Edificio Interfacultativo (1987 Avda. Los Castros), de Salvador Gayarre, Tomás Domínguez y Juan Martín; la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales y de Telecomunicación (1988), de José Ignacio Villamor, Ramón Gómez y Antonio Navarro; y la Escuela de Vela (1989), de Jerónimo Junquera y Estanislao Pérez Pita. En los últimos años se cuentan, entre otros, el Palacio de Deportes de El Sardinero de José Manuel Palau y Julián Franco; el Palacio de Congresos de Gabriel Gallegos y Juan Sanz; y la Escuela de Hostelería y sede de la Asociación Empresarial de Hostelería, de Clemente Lomba Gutiérrez.

 

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