María Gutiérrez-Cueto Blanchard (María Blanchard).

Pintora. (Santander, 1881–París, 1932). Hija de Enrique Gutiérrez Cueto y Concha Blanchard Santiesteban, su abuelo, Cástor Gutiérrez de la Torre, fue fundador del periódico La Abeja Montañesa, y su padre patrocinó, en 1886, la aparición de El Atlántico. A consecuencia de un accidente sufrido por la madre durante el embarazo, María nació con una deformidad física (joroba y cojera), que le hizo objeto de burlas y vejaciones durante toda su vida. Los días de su infancia transcurrieron en Santander, con temporadas estivales en Comillas y en Cabezón de la Sal –en estos periodos realizó algunas de sus primeras obras–. Desde muy niña evidenció grandes dotes para el dibujo y la pintura. Su tío Domingo, costeó los estudios de María en Madrid, ciudad a la cual se dirigió hacia 1903. En 1904, murió el padre, y la viuda decidió trasladarse a Madrid, contando con el generoso apoyo económico de su cuñado Domingo. Madre e hija continuaron pasando el verano en Cantabria, pasando temporadas en Cabezón de la Sal en compañía de Fernando Gutiérrez Cueto y la intelectual Matilde de la Torre. En 1906 concurrió a la Exposición Nacional de Bellas Artes con su obra La gitana. En aquel tiempo fue su maestro Fernando Álvarez de Sotomayor. En 1908, entró en el taller de Manuel Benedito, al tiempo que daba clases al cántabro César Abín. El 13 de mayo de 1908 le fue concedida en la Exposición Nacional de Bellas Artes, una tercera medalla a su cuadro Los primeros pasos. Animada por este impulso, María solicitó a la Diputación de Santander, con fecha 22 de septiembre de aquel año, una pensión de 1.500 pesetas anuales para proseguir sus estudios en París, pensión que fue concedida por el Ayuntamiento santanderino, a quien también habíase dirigido la joven pintora. Allí trabajó junto a Anglada Camarasa y Kees van Dongen en la Academia Vitti. En 1910 le fue concedida la segunda medalla de la Exposición de Bellas Artes, el 25 de octubre de 1910 por su lienzo Ninfas encadenado a Sileno.

En 1911 volvió a ser becada, pudiendo permanecer en París dos años más. En 1912 conoció a Juan Gris y Lipchitz. En aquellos años su pintura está influida por el costumbrismo y el estilo de Camarasa y Joaquim Mir. En 1914 realizó su importante obra La communiante (La comulgante) –expuesto en 1920 en el Salón de los Independientes y adquirido por el marchante Paul Rosenberg–, trabajo en el que juega con varios tipos de perspectiva al tiempo que conjuga un tratamiento de motivos naif, con aspectos próximos al simbolismo decimonónico, prefigurando por su textura e iluminación, características del surrealismo. En 1914 regresó a España, instalándose en la calle Goya con su madre. En 1915 participó en la exposición ‘Los pintores íntegros’, junto a Diego Rivera, Agustín Choco y Luis Bagaría, promovida por Ramón Gómez de la Serna. Aquel mismo año ganó por oposición una cátedra de dibujo en la Escuela Normal de Maestros de Salamanca, pero las burlas de sus alumnos la llevaron a abandonar el puesto y marchar a París en 1916. Allí montó su estudio, en la calle Du Maine. En aquellas fechas (1916-1919) experimenta con el cubismo de amigos como Gris, Lothe, Lipchitz y Gleizes. A este periodo se corresponde Mujer con abanico (1916). En sus obras siguen siendo reconocibles los rasgos del objeto retratado y manifiestan rasgos academicistas que permiten relacionarlas con las de Gris.

En 1918 entró en contacto con Leonce Rosenberg y fue incluida en su cartera de pintores de la galería L'Effort Moderne. En 1920, en relación con la corriente llamada ‘vuelta al orden’ empezó a introducir en sus obras de colores metálicos, rasgos ilusionistas aplicados junto a recursos cubistas. A este estilo pertenecen cuadros como Naturaleza muerta con plátanos (1920), Madre e hijo (1921-1922), Joven campesina (1922), Maternidad (1923), Niña cosiendo (1923) y La echadora de cartas (1924).

Sus últimos años de vida estuvieron marcados por la crisis y las penurias económicas. A pesar del éxito de La communiante, que hizo que sus creaciones empezaran a venderse, terminó perdiendo el apoyo de Rosenberg y se vio en apuros hasta recibir el apoyo del mecenas belga Frank Flausch mediante un contrato mensual. Gracias a esta ayuda y al respaldo de otros amigos belgas como Delgouffre, Hellens y Grimar expuso 23 obras en la galería Centauro de Bruselas en 1923 con el grupo de Ceux de Demain, con éxito de crítica (volvió a hacerlo en 1926). Sin embargo, en 1926 falleció Flausch y un año más tarde su íntimo amigo Juan Gris. Entretanto su salud se vio agravada por la tuberculosis, al tiempo que asumía la carga económica de acoger a su hermana Carmen y sus hijos. Si bien logró un marchante, Max Berger, director de la galería Valvin, sus problemas físicos se agravaron y buscó consuelo en la religión católica, planteándose ingresar en un convento. A pesar de contar con numerosos e influyentes amigos del mundo artístico –Paul Claudel le dedicó el poema San Tarsicio en 1931–. Lentamente consumida, María falleció el 6 de abril de 1932, en su estudio de la calle Boulard, siendo enterrada en el cementerio de Bagneux. "No trato de vivir sino para pintar flores", había dicho en sus últimos días. Entre sus últimos trabajos se cuentan La toilette (1928), La niña dormida (1929) y La enferma (1930-32). A partir de su fallecimiento, Federico García Lorca se ocupará de divulgar la obra de María Blanchard en distintas conferencias que imparte en España dedicará una elegía a la pintora. Se han organizado dos exposiciones antológicas en torno a la obra de Blanchard, la primera en la galería Biosca de Madrid (1962) y la segunda en el Museo Español de Arte Contemporáneo (1982). (Fuente: Gran Enciclopedia de Cantabria)

 
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