Marcelino Sanz de Sautuola.


Naturalista. (Santander 1831–Santander, 1888). Miembro de una familia de hidalgos, de 1845 a 1848 cursó los estudios de segunda enseñanza en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Santander y obtuvo el Bachiller en Filosofía el 1 de julio de 1848. Estudió Derecho en la Universidad de Valladolid. Después de contraer matrimonio con Concepción de Escalante, fijó su residencia en la calle Pedrueca de Santander (sede en la actualidad de la Fundación Marcelino Botín) y reunió su archivo y biblioteca en la finca familiar de Puente San Miguel. Sus aficiones personales le llevarían a convertirse en un pionero a nivel regional en el estudio de materias propias de las Ciencias Naturales y el patrimonio histórico de Cantabria.

En 1859 fue nombrado secretario de la Junta en la Exposición Montañesa que concurrió en el mes de septiembre de aquel año al Concurso Agrícola-Industrial de Valladolid.

El 14 de abril de 1863 plantó en su finca de Puente San Miguel el primer ejemplar de eucalipto plantado en la provincia de Santander, con el propósito de paliar la deforestación de la provincia. Sobre la historia y características del ejemplar presentó un informe en la Exposición Provincial de Santander en 1866, con el título 'Apuntes sobre la aclimatación del Eucaliptus globulus en la provincia de Santander'.

En 1866 fue nombrado miembro correspondiente de la Academia de la Historia y en 1872 vicepresidente de la Comisión de Monumentos de la Provincia de Santander. Así mismo desempeñó puestos directivos en la Junta Provincial del Censo y la Comisión de Alamedas y Paseos y fue vicepresidente de la Liga de Contribuyentes y vocal secretario de la Junta de Obras del Puerto de Santander.

Aficionado a coleccionar minerales y fósiles, en 1876 fue informado a través de su aparcero Modesto Cubillas de la existencia de una caverna en lo alto de la ladera del monte Vispieres formado por estratos de caliza y arcilla dentro del término municipal de Santillana del Mar, cuyo acceso habían despejado las vibraciones provocadas por los trabajos de extracción de piedra de una vecina cantera. Interesado por el tema, Sautuola procedió a reconocer la cueva, llamada de Altamira. En 1878, después de acudir a la Exposición Universal celebrada en París, emprendió una excavación en Altamira con el propósito de encontrar en ella alguno de los testimonios prehistóricos que había podido contemplar en la feria. Un día del año 1879 que Sautuola se hallaba en la caverna, su hija María, se adentró en el interior y descubrió el techo de los polícromos, dándolo a conocer a su padre exclamando “¡Papa bueyes!”.

Convencido de la trascendencia de su descubrimiento, en 1880 Sanz de Sautuola lo incluyó en su texto Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander (en este escrito también narra sus visitas a las cuevas del Mazo y El Pendo en Camargo). El naturalista afirmaba que «examinadas detenidamente estas pinturas, desde luego se conoce que su autor estaba muy práctico en hacerlas, pues se observa que debió ser mano firme y que no andaba titubeando, sino, por el contrario, cada rasgo se hacía de un golpe, con toda la limpieza posible» y añadía que las cuevas de Camargo y Altamira «pertenecen, sin género alguno de duda, a la época designada con el nombre de paleolítica».

Sautuola comunicó enseguida los hallazgos a sus dos amigos, Eduardo Pérez del Molino y Eduardo de la Pedraja (como Sautuola importante representante coleccionismo decimonónico regional) y a Juan Vilanova y Piera, catedrático de la Universidad Central. La perfección de las representaciones, sembró rápidamente las dudas sobre su autenticidad y ésta fue rápidamente refutada tanto por investigadores franceses como españoles, convencidos evolucionistas para quienes las manifestaciones artísticas prehistóricas parecían contradecir las tesis darwinistas. Incluso se acuñó la teoría de que las representaciones habían sido ejecutadas por legionarios romanos que se habrían ocupado de decorar el techo de Altamira en el tiempo de las Guerras Cántabras tal y como informaban en noviembre 1880 los profesores F. Quiroga y J. R. Torres Campos de la Institución Libre de Enseñanza.

Sautuola falleció el 30 de marzo de 1888 sin que la autenticidad de las pinturas y su datación en tiempos prehistóricos fuera reconocida. Las sombras empezaron a desaparecer a finales del siglo XIX al producirse varios descubrimientos de pinturas y grabados prehistóricos en diverosos lugares de Francia, entre ellos La Mouthe, Les Combarelles o Font de Gaume en la Dordoña.

En 1902, los investigadores franceses Henri Breuil y Èmile Cartailhac realizaron una visita a Altamira de la cual surgieron el artículo “Las cavernas decoradas con pinturas. La cueva de Altamira, España. Mea culpa de un escéptico” y un libro financiado por el príncipe Alberto I de Mónaco, que sancionaron a nivel internacional la autenticidad de las pinturas de Altamira. Aquel mismo año, la Real Academia de Bellas Artes encargó a Hermilio Alcalde de Río, director de la Escuela de Artes y Oficios de Torrelavega y a Augusto González Linares, director de la Estación de Biología Marítima de Santander, la elaboración de un dictamen sobre el mérito e importancia de la cueva de Altamira. En el curso de aquella Del Río realizó una serie de dibujos que recrearon las pinturas del techo de los polícromos e hizo calcos de la mayor parte de las figuras localizadas en el resto de la gruta.

Altamira no fue el único yacimiento arqueológico explorado por Sautuola que también se ocupó de las cuevas de Camargo, Peña del Mazo, cueva de la Fuente del Francés, cueva del Poyo y la de los Campos de Estrada. En cuanto a su actividad intelectual, abordó temas históricos locales en textos como 'Breves apuntes sobre el Puente San Miguel y sobre las Juntas de los Nueve Valles de las Asturias de Santillana', donde aporta datos sobre la casa y lugares en que se reunió, en sesión, la Diputación de la Provincia de los Nueve Valles de Asturias de Santillana, así como sobre la ermita y el hospital que existió en el pueblo. En cuanto a la botánica y la zoología, ensayó también la exportación del gusano Bombys cinthya y el árbol Circis silicuastrum y preparó el congreso ganadero de 1888.

En 1887, poco antes de fallecer, comunicó a la Comisión de Monumentos de Santander sus exploraciones y hallazgos en el municipio de Reinosa y envió a Eduardo Piette un dibujo de los famosos bisontes reproducidos de Altamira. A su muerte dejó ordenado la entrega al Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Santander de todas sus colecciones de documentos antiguos y modernos relativos a la provincia de Santander, la de periódicos, la de autores montañeses y las de Historia Natural.

 
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