El bolo palma. Esta modalidad del juego de bolos ha sido tradicionalmente la actividad deportiva de referencia para los habitantes del valle de Carriedo, aunque se practica también en buena parte de la Cantabria costera y central. De hecho, cada uno de los dos núcleos de población con que cuenta el municipio de Saro tiene un espacio destinado a este juego, el corro o la bolera, que ha de medir ocho metros de ancho por treinta y cinco de largo. Además de su función deportiva, las boleras, ubicadas en el centro del pueblo y rodeadas de árboles que las dan sombra, han sido siempre el punto de reunión y tertulia de las comunidades campesinas en sus momentos de ocio.
El objetivo del juego es derribar el mayor número posible de bolos desde una distancia que oscila entre los catorce y los veinte metros, con unas bolas esféricas de madera de encina de unos dos kilos de peso. Los nueve bolos, de algo más de medio kilo cada uno, se disponen sobre la caja en tres hileras, separados entre sí 65 centímetros. A la dificultad técnica del juego se le añaden una serie de condicionantes estratégicos que lo hacen aún más complicado, por lo que su práctica a un buen nivel requiere bastante experiencia.
El salto pasiego. Al igual que en toda la zona pasiega, en Saro se utilizaba tradicionalmente un palu o palancu como ayuda en los desplazamientos por los montes, para salvar los muros entre fincas y otros obstáculos. Se trata de una vara de avellano flexible y recta que mide una cuarta más que quien la lleva, con un casquillo en la base al que se fija un clavo o tachuela para arraigarse al suelo. En la actualidad, esta tradición se ha convertido en una modalidad de deporte rural, de la que suele haber exhibiciones y concursos en las fiestas locales.
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