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La iglesia, el claustro y las dependencias que integran el convento franciscano de la Virgen del Soto, en Iruz, componen uno de los complejos arquitectónicos más importantes del valle de Toranzo, emplazado en una finca de 9.100 m2, cercada por muros de mampostería. El origen del monasterio se remonta a mediados del siglo VIII; los edificios supervivientes son, sin embargo, de factura más moderna. La construcción de su iglesia se inició hacia 1570 y, después de una temporada en que dependió de dos curas beneficiados, en 1608 tomó posesión de ella una comunidad de religiosos franciscanos. Tres décadas más tarde, en 1634, estaban concluidas varias capillas abiertas a los lados de la nave de la iglesia, de planta rectangular, en la elaboración de cuyas trazas intervino el maestro de cantería natural de San Mamés de Aras, Juan de Naveda, maestro mayor del arzobispado de Burgos y maestro mayor de la catedral de León desde 1632. La portada imita a la de la iglesia de Santa María del Campo de Burgos, de Diego de Siloé. Encima se eleva la torre, una de las más singulares de Cantabria. Es octogonal y presenta adosado un cuerpo cilíndrico que aloja una escalera de caracol en voladizo. En el remate fue inscrito el año 1573, año en que se autorizó a la Orden de los franciscanos la erección del convento. Se atribuye la traza de esta torre a Pedro de Rasines, procedente de la tradición tardogótica. El claustro es otro de los elementos emblemáticos de este complejo. Fue edificado a comienzos del XVII, constando la intervención de fray Lorenzo de Jorganes, primero como autor de las trazas y, a partir de 1626, director de las obras. Las obras de este recinto se prolongaron hasta 1664. De dos alturas, presenta un soportal con arcos de medio punto sobre pilares cuadrados de gran altura y vanos cuadrados en el superior. En el siglo XVIII se levantó el dormitorio general, al cual se accede por una escalera de piedra.
La iglesia del convento alberga uno de los conjuntos de retablos más relevantes de la región. El mayor, concluido según una inscripción en 1682 o 1687, es una obra relacionado con los trabajos de los talleres de Trasmiera; las esculturas originales que aloja siguen el estilo de Andrés de Monasterio; custodia también la imagen de la patrona, una talla gótica del siglo XIII. Otros retablos de interés son el del Sagrado Corazón, ejecutado a mediados del siglo XVII; el de la Virgen del Carmen, de finales del siglo XVII; el de San Antonio, de la primera mitad del XVIII, ubicado en la capilla de Bustamante, fundada en 1634; el de la capilla del Santo Cristo y Nuestra Señora de la Soledad, contratado en 1730 por el ensamblador Vicente Ortiz Horna (Vicente Ortiz de Arnuero), de estilo churrigueresco; el de la Purísima, también de principios del XVIII; y el de Santa Lucía, de finales del XVIII. Por último, cabe señalar el órgano, de tradición romántica, de 1913, fundido en la fábrica bilbaína Juan Dourte. El convento fue declarado Bien de Interés Local en 2001.
Santiurde cuenta con dos templos que todavía exhiben elementos románicos de entidad: Santa Cecilia (Villasevil) y La Asunción (Acereda). Santa Cecilia de Villasevil (Bien de Interés Cultural desde 1978) es un templo de tres naves de tres tramos, relacionado con los focos de Aguilar y San Andrés de Arroyo. Conserva un ábside de origen románico de los últimos años del siglo XII, al cual se abren tres ventanas enmarcadas por elementos que incluyen decoración escultórica en relieve. En la Edad Moderna la fábrica fue ampliada en altura y espacio, y se añadió la capilla de la familia Villegas. De su patrimonio mueble destaca la pila bautismal románica y un retablo barroco donado por la Casa Villegas. La Asunción de Acereda (Bien de Interés Cultural desde 1984) es una construcción de una nave de origen románico, de los siglos XII-XIII; a esta época se remonta la decoración escultórica de canecillos y otros elementos, sencilla, de naturaleza geométrica. El retablo fue pintado y dorado en 1641. La iglesia fue reformada en 1674.
Otros templos de interés de este municipio son las iglesias de San Jorge, San Esteban y San Lorenzo, Santo Tomás, San Martín y San Vicente. San Jorge, localizado en la capital, es uno de los templos más antiguos del valle: está documentado ya en el siglo XI y custodia un retablo del siglo XVIII, una versión historiada de la imagen de la Virgen de Guadalupe, pintada en México por José Ibarra en 1740. San Esteban y San Lorenzo de Bárcena está documentada en el año 1374 como perteneciente a la colegiata de Santa Juliana de Santillana del Mar. Presenta una portada de arco escarzano; el presbiterio fue construido en los siglos XV-XVI y el resto, del XVII al XVIII. Santo Tomás de Vejorís es una construcción documentada en el año 1621, si bien su construcción data del siglo XVI. Presenta una portada renacentista y custodia un retablo mayor muy dañado durante la Guerra Civil, de la cual procede un retablo de esmaltes del taller de Limoges, en la actualidad custodiado en el Museo Diocesano de Santillana del Mar. San Martín, situada en la localidad homónima, es una iglesia fechada en el año 1735. San Vicente de Iruz es de nueva planta, si bien está documentada desde el siglo XVI. Por último, el San Martín de Cueva y Pando es un sencillo templo del siglo XVI.
En cuanto a santuarios menores, se cuentan la ermita de San Joaquín de Toranzo y la de la Virgen del Carmen de San Martín de Toranzo.
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