Escasos en las otras villas pasiegas, los escudos labrados en la Edad Moderna, elementos decorativos que daban notoriedad a un linaje, se limitan a uno en el municipio de San Roque de Riomiera. Porta las armas de Fernández Alonso, familia que fundó la capilla de Nuestra Señora del Rosario en la iglesia parroquial de San Roque en el año 1777. Se encuentra en una singular cabaña de La Pedrosa, de planta cuadrangular y tejado a cuatro aguas.
Al igual que en las restantes villas pasiegas, lo más significativo de San Roque de Riomiera son las cabañas-vivienda que pueden verse en los campos cercados de San Roque, Entre ellas se cuentan ejemplos de los siglos XVII al XIX en Merilla y La Concha: en los parajes de Bernallán, La Brena, El Coburco, La Lunada y El Toral. El origen de esta configuración del espacio se remonta al siglo XVI, sobre todo merced a la intervención de pastores de Espinosa, el aumento de la presión demográfica en el entorno de los Montes de Pas llevó a la búsqueda de un método de explotación pecuaria de los recursos más eficaz. La solución articulada en los siglos XVII y XVIII por los habitantes de la zona fue un sistema que conllevaba estabular el ganado en cabañas-vivienda construidas junto a campos de pasto individuales. Este modelo implicó profundas transformaciones jurídicas, económicas y sociales, pues supuso la parcelación de los antiguos montes comunales, la orientación mercantilista de la producción ganadera ahora dedicada principalmente a la elaboración de productos lácteos y la adopción de un modo de vida semitrashumante por parte de los ganaderos, que acompañaban a las reses en los desplazamientos estacionales que éstas habían de realizar por una red fija de parcelas los animales se llevaban a un nuevo pasto una vez agotaban el anterior.
En el siglo XVIII se generalizó la costumbre de tener una cabaña en cada uno de los prados: la pasiega surgió de la incorporación de la vivienda al henil. El modelo prototípico es un bloque de planta rectangular y dos alturas. El superior, llamado payo, se destina a almacenar la hierba segada y el inferior a guardar los animales, que se mantienen sujetos al pesebre por las cebillas colocadas a poca altura. Está construido con materiales locales, con entramados de madera y muros levantados en mampostería irregular con doble paramento, utilizándose el barro como aglutinante. El tejado se compone de lastras de roca arenisca apoyadas sobre la hierba seca que recubre la ripia. En el exterior se abren dos vanos; al superior se accede por una escalera pétrea de aspecto macizo. En el payo se instala separado por paredes levantadas con tablas el sencillo recinto de vivienda. Con el paso del tiempo, se desarrollan modelos más complejos de cabaña (llamada en estos casos vividora); en éstos, la escalera es sustituida por rústicas solanas de tablazón.
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