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La caliza de la que está formada el Monte Castillo, una elevación cónica de 355 m de altitud, ha permitido la filtración del agua a través de las fisuras y la génesis de casi medio centenar de cuevas. Desde su estratégica posición se divisaba perfectamente la confluencia del valle del Pas y el sur de la sierra del Dobra, vía de comunicación entre el Pas y el Besaya, lo que permitía el control de las manadas de animales que lo atravesaban o bebían en el río, este hecho facilitó su ocupación intensiva por el hombre a lo largo del Paleolítico. Cinco cavidades tienen vestigios de ocupación paleolítica, cuatro son santuarios de arte paleolítico (El Castillo, Las Chimeneas, Las Monedas y la Pasiega) y cuatro custodian yacimientos arqueológicos, conformando un conjunto único en la Prehistoria mundial por la calidad de las representaciones artísticas y el interés de los vestigios arqueológicos que custodian.

La cueva de El Castillo, de 759 metros de desarrollo, fue descubierta en 1903 por Hermilio Alcalde del Río y está considerado un yacimiento crucial para el conocimiento de las primeras ocupaciones humanas en la Cornisa Cantábrica. Los sondeos iniciales de El Castillo se realizaron por su descubridor en 1906, pero no fue hasta 1910 cuando, bajo el mecenazgo del príncipe Alberto I de Mónaco y del Instituto de Paleontología Humana de París, comenzaron las grandes campañas de excavación en las que participaron, además de Alcalde del Río, Henri Breuil, Hugo Obermaier y Paul Wernert. Los resultados de estas primeras excavaciones, que se prolongaron hasta 1914 –fueron interrumpidas por el estallido de la I Guerra Mundial–, permitieron desvelar una estratigrafía compuesta de 26 niveles (se alternan capas estériles con otras de ocupación–, que contenían restos de ocupaciones humanas a lo largo de 150.000 años, alcanzando una altura de 18-20 m. Tras diversos avatares, en 1980 se reiniciaron las campañas de excavación, dirigidas desde entonces por Victoria Cabrera y Federico Bernaldo de Quirós. Sus investigaciones se han centrado en los vestigios de hace entre 50.000 y 36.000 años, franja temporal en la que se observan las primeras muestras de mentalidad simbólica. Igualmente, los últimos resultados de sus trabajos sugieren la coexistencia de neandertales y humanos modernos en algunos tramos de la secuencia cronológica, hipótesis que cuestiona las teorías tradicionales en cuanto a la interrelación entre estos dos grupos humanos.

El interior de la cueva alberga un importante conjunto de arte rupestre se trata de casi trescientas unidades gráficas, casi doscientas son animales, medio centenar manos en negativo (uno de los motivos básicos de las fases más antiguas de este arte) y un número similar signos. De entre todos, destaca el gran panel conocido como «el techo de las manos», con representaciones de manos humanas en negativo que se despliegan junto a figuras de bisontes, ciervas y caballos, tanto pintados como grabados. Igualmente, El Castillo ofrece en algunas de sus galerías conjuntos de las representaciones simbólicas tan frecuentes entre los grupos de cazadores-recolectores del Paleolítico Superior. De marcado carácter geométrico y realizadas en su mayoría con óxido de color rojizo, el significado de estos signos resulta de difícil interpretación. La cueva de El Castillo fue declarada Bien de Interés Cultural en 1924.

En 1980, el área de entrada de la excavación de la cueva de El Castillo fue protegida con un techado sustituido seis años después por otro similar de placas de duraaluminio. El 15 de febrero de 2003 se inauguró una cubierta permanente proyectada por el arquitecto José María Pérez Peridis en colaboración con la Escuela de Arquitectura de Madrid. Se trata de una estructura de madera y lona de fibra que abarca una superficie de casi 700 metros anclada en un edificio en cuyo interior se ubican una área de recepción de visitantes y un Centro de Interpretación centrado en el conjunto de las cuevas del Monte Castillo.

La cueva de Las Monedas fue descubierta en 1952 durante la realización de un desbroce del monte dirigido a plantar eucaliptos. Debe su nombre al hallazgo de unas monedas de la época de los Reyes Católicos en su interior. Junto a la de El Castillo, son las dos cuevas visitables del conjunto prehistórico del Monte. En una pequeña sala cercana a la entrada existe un interesante conjunto de pinturas, todas ellas de color negro, en el cual destacan especialmente sus cuatro representaciones de reno, lo que parece indicar que su realización se produjo durante una época muy fría, y una figura de oso. Junto a las figuras animales existe un panel de signos, en este caso más enigmáticos de lo habitual, ya que no muestran ninguna semejanza con otros conocidos. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1978.

La cueva de La Pasiega fue descubierta en 1911 por los obreros que trabajaban en las excavaciones de la cueva de El Castillo –en 1913 se publicó un primer estudio del conjunto; de 1983 a 1993 se desarrolló una serie de campañas de verano–. Es una cavidad de trazado laberíntico en la cual se distinguen varias salas y galerías, así como distintos accesos. En su interior se halla la mayor concentración de representaciones de la península ibérica –el inventario provisional de unidades gráficas alcanza la cifra de 916, de las cuales 299 son animales y 3 antropomorfos–. Se trata de pinturas y grabados de diversa factura técnica y estilística que aparecen formando conjuntos poco homogéneos en los cuales se han identificado caballos, cérvidos, bóvidos y cápridos, junto a otras figuras más excepcionales en este arte como son la representación de un pez, de un ave y de un ciervo megaceros. También destacan sus magníficos conjuntos de signos. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1924.

La cueva de Las Chimeneas fue descubierta en 1953 por el ingeniero de la Diputación de Santander Alfredo García Lorenzo cuando se abría el camino de acceso a Las Monedas y La Pasiega. Su divide en dos pisos comunicados entre sí por unos conductos verticales, que han dado nombre a la cavidad. En su interior pueden diferenciarse tres zonas decoradas. La primera, próxima a la primitiva entrada, presenta figuras de animales realizadas en grabado digital. Más al fondo y en otra sala, se localiza un conjunto de signos cuadrangulares en trazo lineal negro. Finalmente, en la tercera zona destaca un panel con varias figuras de ciervos, uros y cápridos pintados en negro. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1978.

La cueva de La Flecha está situada entre Las Chimeneas y La Pasiega. Se desconoce el momento concreto de su descubrimiento, pero cabe situarlo en la década de los cincuenta como consecuencia de los trabajos de acondicionamiento realizados bajo la dirección de García Lorenzo. Caverna de amplias dimensiones, 400 m de longitud, presentaba en su entrada un yacimiento de cronología Musteriense y en superficie restos de época Calcolítica, entre ellos inhumaciones y una punta de flecha de cobre, la cual dio nombre a la cueva. Recientemente se han descubierto en su interior manifestaciones artísticas consistentes en un panel de grabados realizados con el dedo sobre la arcilla blanda.

En cuanto lo que se refiere a los vestigios arqueológicos de época romana localizados en Puente Viesgo, en la parte superior de la montaña conocida como Campo Las Cercas, en el pueblo de Hijas, se extiende una amplia llanura que en su mayor parte sirvió de asentamiento a un campamento romano que pudo llegar a albergar dos legiones (unos 12.000 hombres), durante la campaña de conquista del territorio cántabro por los romanos entre los años 26 al 19 antes de Cristo. En el lado oeste del campamento de Las Cercas se aprecian con mayor detalle los restos de los fosos y las empalizadas, así como las puertas ‘en clavícula’, forma quebrada que facilitaba la defensa de las mismas, además de diversos aposentos de mando sobre el promontorio rocoso y algunos pozos y hornos de fundición para preparar las armas de ataque. El conjunto arqueológico que conforman los yacimientos de La Espina del Gallego, Cildá, El Cantón y Campo de las Cercas fue declarado Bien de Interés Cultural en 2002.

Por último, en la cumbre del Pico del Castillo quedan las ruinas de una fortaleza medieval conocida como castro de Monte Castillo. De planta alargada de 30 m de longitud por 10 de anchura, ha sido considerado como un castro prerromano, aunque los restos encontrados en la cumbre y diversa documentación del siglo XI apuntan a la posibilidad de que este núcleo fortificado fuera lugar de residencia de señores medievales.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies