Las cumbres de Espina del Gallego y Cildá conservan vestigios de un importante campo de batalla de las Guerras Cántabras (inicio en los años 26-27 y episodio final en el 19 a. C.), que se extiende en toda la línea divisoria de los valles del Pas y del Besaya. Los restos hallados en 1996 en Espina del Gallego corresponden a un castro indígena, de casi 3,2 hectáreas de extensión, reocupado y fortificado por una guarnición militar romana en el transcurso de las guerras. A su alrededor se han descubierto numerosos asentamientos legionarios romanos como el de Cildá, que se extiende sobre una superficie de 22 hectáreas y en el que se detectaron líneas defensivas de terraplenes y fosos de tierra, así como material militar de la época augústea. También señalar que entre Castillo Pedroso y Borleña se localizan los restos de un emplazamiento con aterrazamiento y foso, cuya atribución cultural sigue siendo confusa. El conjunto arqueológico que conforman los yacimientos de La Espina del Gallego, Cildá, El Cantón y Campo de las Cercas fue declarado Bien de Interés Cultural en 2002. Otros testimonios de época romana han aparecido en el balneario de aguas termales de Ontaneda donde fueron encontradas varias monedas.
En cuanto a arqueología medieval, son de reseñar las necrópolis localizadas en el barrio de La Rueda de San Vicente de Toranzo y en el entorno de la ermita de Santa Leocadia de Borleña, las dos investigadas en 1998. La primera se compone de 20 tumbas de lajas de caja rectangular, algunas cerradas y otras abiertas por los extremos, datadas en la Alta Edad Media. Se considera que debió estar asociada a una edificación religiosa, quizás bajo la advocación de San Vicente. En el segundo yacimiento se documentaron doce tumbas de lajas de forma rectangular, también altomedievales.
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