En Valdáliga se alzan todavía restos de patrimonio arquitectónico medieval. Así, en Roiz se alza todavía Casa-torre de Roiz, Palacio de los Velez de las Cuevas, cuyo origen se remonta a la Edad Media. El conjunto se compone de una torre a la cual se adosaron varias edificaciones: una de ellas una casa llana gótica. Cuenta con una capilla dedicada a Nuestra Señora de los Remedios fundada por Francisco y Vélez de las Cuevas cuyos hermanos Juan y Antonio enviaron a su otro hermano Domingo, desde México 3.000 pesos de plata destinados a instituir una capellanía. Se empezó a construir en 1693 y fue concluida en 1711. Sus trazas se atribuyen a Toribio Sánchez de Lamadrid, que intervino en su erección junto a Juan González Salmón y Juan González de Mazua. Consta de una nave de tres tramos con cubiertas de crucería de distintas clases y un baptisterio con una cúpula de media naranja.
En Treceño se localiza una serie de casas notables con rasgos clasicistas de dos plantas sobre soportales de arcos de medio punto, atribuidas a canteros de Trasmiera. Entre este grupo de edificios se cuenta la casa de Juan Calderón Escalante de finales del siglo XVII, de dos pisos y cubierta a dos aguas con una regular fachada; la casa del hijo del familiar del Santo Oficio Francisco Gómez de la Mata, con cuatro arcos de medio punto entre pilastras en el piso bajo que se corresponden con cuatro puertaventanas del superior; la casa de Esteban Vélez de Escalante, fechada en el año 1684; y la casa de Sánchez de Movellán, levantada en 1713, con balcones sobre repisas y un gran escudo de armas.

Del siglo XVIII también han reseñarse otros edificios como el palacio de La Campa, constituido por una torre, una casona y una capilla del siglo XVIII, la casa de Díaz de Lamadrid, construida en la primera mitad del siglo XVIII (se estima que para Juan Díaz de Lamadrid) y se atribuye a un maestro trasmerano activo en Santillana del Mar. Presenta dos grandes hastiales a la manera de cortavientos; el conjunto palacial de Losvia, construido en el siglo XVIII conserva las ruinas de una torre medieval, con balcones de púlpito en la fachada y una capilla aneja, fundada por Pedro González Cordero y cuya traza se atribuye a Toribio Sánchez de Lamadrid. Aloja un bello retablo barroco, de mediados del XVIII en madera sin policromar.
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