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En torno a la Colegiata de Santa Juliana fue desarrollándose, desde el siglo IX, la villa de Santillana del Mar, declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1943. En ella han sobrevivido varios ejemplos de torreón medieval: torre del Merino, torre de Don Borja y la torre de Velarde. La torre del Merino, en la plaza del mercado (plaza Ramón Pelayo) fue construida con carácter militar a finales del siglo XIV. Se trata de un bloque cuadrangular de tres pisos, erigida en mampostería con vanos y esquinales de sillería, con acceso por un arco apuntado. Perteneció a la familia Barreda, varios de cuyos miembros desempeñaron las funciones de merino de la demarcación llamada Merindad de las Asturias de Santillana (el cabeza de la familia Gonzalo de Barreda, su nieto Juan, su bisnieto Gonzalo y el hijo de éste Pedro). Aunque conserva parte de su fábrica original, ha sufrido numerosas reformas, como la conversión de sus almenas en ventanas, al superponer la cubierta de madera. Junto a esta fortaleza se alza la torre de Don Borja, que también perteneció, a la familia Barreda. Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XV y se relaciona con los castillos señoriales castellanos de aquella centuria. Presenta planta cuadrada y está compuesto por dos cuerpos, más antiguo el posterior. En la fachada, levantada en sillería, se abren dos vanos en el piso noble y dos en el superior, los cuatro rematados con arcos escarzanos. Se accede cruzando un soportal al que se abren dos arcos apuntados. En el interior alberga un gran patio. Debe su nombre al último titular del mayorazgo Francisco de Borja Barreda en 1844. Fue restaurado en 1981 y alberga la sede de la Fundación Santillana. Por último, en la calle de la Carrera se alza la torre de Velarde; data del siglo XV y está desmochada, de ahí que pase más desapercibida que las anteriores. Presenta dos alturas y cubierta a dos aguas. En su fachada destacan dos puertas en arco apuntado, una de ellas tapiada. Los muros son de mampostería, con sillares en los esquinales, los vanos y la parte inferior de la fachada principal. Fuera de la capital municipal se puede ver un cuarto ejemplo de bastión medieval: la casa-torre de los Calderón de la Barca en Viveda. Fue levantada para controlar el paso en barca por el río Saja. Se ha datado tradicionalmente en el siglo XIII, atribuyéndose su fundación tanto a Fortún Ortiz Calderón, como a Sancho Ortiz Calderón. Fue objeto de importantes reformas del siglo XVI. Es Bien de Interés Local desde 2002.

Así mismo se cuentan ejemplos de casas góticas en la misma localidad de Santillana. Se trata de la llamada casa de Leonor de la Vega, en la calle Cantón, y la casa de la Parra, en la plaza del mercado. La primera, ornada con las armas de la casa de la Vega y los Polanco, se fecha ya en el siglo XVI, presenta de sillería, accesos por una portada de arco apuntado y otra con arco de medio punto y una serie de cuatro ventanas cuadradas en el piso noble enmarcadas por un guardapolvos; en la parte trasera se abren al jardín una puerta con arco apuntado y una galería con dos ventanales de arco escarzano. Se estima que fue mandada edificar por Juan González de Polanco y Juliana González de Barreda enlos primeros años del XVI. La casa de la Parra presenta una doble portada de arcos apuntados y un cuerpo de ladrillo dispuesto en un entramado de madera entre dos hastiales. Otro ejemplo de esta época de transición del gótico al Renacimiento es el palacio de las Arenas, junto a la Colegiata, fundado por Pedro de Velarde y Villa, prior de la inquisidor de Toledo y Comisario General de la Santa Cruzada. En la fachada oeste presenta una ventada plateresca, más destacada es sin embargo la fachada sur, levantada en sillería con los vanos cerrados por arcos de medio punto con dovelas decoradas; también es de resaltar el remate de los muros perimetrales y las gárgolas de cañón.

Son numerosos los edificios de los siglos XVII y XVIII conservados en la capital del término. Así en el campo del Revolgo sobresale la casa de Sánchez de Tagle, que fue edificada a finales del XVII, principios del XVIII a instancias de Andrés Sánchez Tagle (consta un documento de 1697, en el cual consta a su servicio el maestro de carpintería 1697 Alonso García Fernández) y fue concluida por su hijo Andrés Sánchez de Tagle y Pérez Bustamante (este testa en 1725). Se trata de un bloque de tres alturas: el piso inferior el zaguán precedido por un pórtico de dos arcos de medio punto, el intermedio con dos balcones gemelos que enmarcan el escudo de armas de la familia, y el superior, que se cree posterior a la conclusión de la casa está dominado por una solana de madera que se proyecta sobre la fachada. Se estima que el maestro de cantería Gregorio de la Roza pudo participar en este proyecto.

En el arranque de la calle Santo Domingo se alza el palacio de Peredo-Barreda, también llamado de Benemejís, propiedad de Caja Cantabria desde la década de los noventa. Fue mandado construir en 1712 por Luis Antonio de Peredo, caballero de la Orden de Calatrava, y fue labrado por el maestro de cantería Francisco de Otero, vecino de Mogro. La traza se atribuye tanto a Gregorio de la Roza, como a Bernabé de Hazas y Francisco de la Herrería. Se trata de una construcción de dos alturas señaladas por una imposta, tejado a cuatro aguas y planta cuadrangular con portada adintelada sobre la cual se puede ver el escudo de armas de Peredo. Destaca la labor de ferrería de los enrejados en forma de jaula y terminados en cruz que cubren dos ventanas cuadradas abiertas en la planta inferior, así como los balcones de hierro fijados mediante clavijas de la superior flanqueando soportado sobre una moldura de cantería. Unida al palacio por un portalón se encuentra la casa de Alfonso Velarde y Francisco María de Peredo y anexa a ésta, la de Pedro Luis Hidalgo. Tanto el palacio como las dos construcciones mencionadas fueron sometidas a un proyecto de rehabilitación de los arquitectos Eduardo Fernández-Abascal, Floren Muruzábal y José Orruella Castillo que tuvo por objeto convertirlos en un complejo cultural (Palacio Caja Cantabria). Destacan igualmente la gran finca y los jardines ubicados en la parte posterior, su biblioteca y su mobiliario. Custodia importante patrimonio artístico y bibliográfico reunido por la familia que habitó en él durante casi trescientos años.

En la misma calle de Santo Domingo, frente al palacio Caja Cantabria se alza la casa de Alejandro de José Villa y Josefa de Cos, reedificada en 1770, en su fachada se abre una puerta adintelada entre pilastras cajeadas, flanqueada por dos óculos y en el piso noble dos balcones púlpito entre los cuales se sitúa el escudo. Sus características llevan a atribuir su traza a un maestro de Cantabria occidental. En la calle de la Carrera se localiza la casa de Bustamante, que presenta rasgos similares: portada flanqueada por dos óculos –de menor tamaño que en el caso anterior– y balcones el púlpito en el piso noble, en este caso enmarcando un tercer balcón ornado con una moldura con orejeras. Esta vivienda se cree mandada construir ya bien por Francisco Ambrosio Sánchez de Bustamante –testó en 1776–, ya bien por Manuel María de Bustamante.

En la misma plaza del Mercado (plaza Ramón Pelayo) se concentran varios bloques de interés. Destaca la casa consistorial, un proyecto del año 1732 –concluido en 1738– atribuido a los maestros canteros José de Hazas y Pedro de Cereceda. Se trata de un bloque de dos alturas precedido por un soportal de tres arcos de medio punto, con dos puertas-ventanas abiertas a un amplio balcón corrido de hierro en el piso noble al cual se abren dos puertas ventanas. Fue reformado hacia 1833, fecha en la cual se data el escudo. Otro edificio reseñable es la casa ‘del águila’ (está unida en el interior a la ‘casa de la parra’). Fue fundada por Rodrigo Fernández de Villa en 1476. La fachada actual se corresponde a una reforma de principios del XVIII realizada bajo instancias de Alejandro Gabriel de Villa. Por último reseñar la casa del caballero de Calatrava Pedro Antonio Barreda Bracho Ceballos y San Salvador, de estilo clasicista, con una fachada compuesta por una puerta adintelada, flanqueada por dos ventanas cuadradas y tres balcones de hierro en el piso noble; se data también a comienzos del siglo XVIII. En 1944 se convirtió en el Parador Nacional Gil Blas.

En la calle de Santo Domingo se alzan varios edificios importantes. Sobresale la casa de los Hombrones, casa solar de la familia Villa, que fue reedificada en 1770 y está dominada por un monumental escudo, uno de los más populares de Cantabria dominado por dos grandes soldados tenantes que flanquean las armas de la familia. Su origen se remonta al al siglo XVII y se considera que su construcción fue encargada por Alejandro Gabriel de Villa. Se estructura en franjas horizontales y verticales y, como otros grandes proyectos realizados a comienzos del siglo XVIII, también este bloque se ha atribuido al maestro de cantería Gregorio de la Roza, autor de la sala capitular de la Colegiata. Otro bloque interesante de esta calle es la casa de Valdivielso, erigida a comienzos del siglo XVIII, con una fachada de sillería orientada al este y estructurada mediante pilastras sin cajear en tres calles, con acceso por una puerta adintelada flanqueada por dos ventanucos cuadrados y cuatro ventanas balcones en el piso noble. Se considera que fue mandada construir por Francisco de Valdivielso, que emigró a México, apoyó a Felipe V en la Guerra de Sucesión fundó vínculo y mayorazgo en 1735.

Cerca de la Colegiata, en la calle del Río, se encuentra la casa de Cossío, también llamada del Patín, que se cree mandada construir por José de Cossío Barreda, oidor del Consejo de Indias, que testó en 1706. Presenta en su fachada la imagen del dios mexica Tláloc, deidad de la lluvia cuyo nombre significa en náhuatl ‘néctar de la Tierra’, que los indianos solían ubicar en las puertas de sus casas. Por último señalar la casa de los Abades, antigua propiedad de los administradores de Santa Juliana, que fue residencia de Margarita de Austria y Borbón.

En otros núcleos del municipio pueden verse notables muestras de la arquitectura de la Edad Moderna. Entre ellos destacan la casa de Peredo en Mijares, un bloque de medidados del XVI, reconstruido en el siglo XVIII, con el propósito de darle un aire antiguo; la casa-torre de Don Beltrán de la Cueva  (Queveda, BIC desde 1981), también levantada también en el siglo XVI, reconstruida en el XVIII; el Palacio de Peredo (BIC desde 1982), mandada construir a mediados del siglo XVII por Jorge de Peredo y su esposa María de Velarde en Viveda, compuesto por un bloque con un patio renacentista de dos alturas y una capilla; la casa de Pedro Pérez Bustamante en Vispieres, con un escudo con la una inscripción que la fecha en el año 1656; y la casa de Bustamante en Vispieres, reedificada en 1708.

Por último, resaltar que Santillana del Mar cuenta con uno de los mejores ejemplos de arquitectura contemporánea de Cantabria: la nueva sede del Museo de Altamira, proyectado en 1997 por el arquitecto santanderino Juan Navarro Baldeweg con el propósito de albergar la réplica de la cueva y sus manifestaciones de arte rupestre (BIC desde 1924), así como los espacios museísticos (área de interpretación, área de descanso) y diversos departamentos de investigación. El autor traza un edificio de 5.600 m2 de formas puras y espacios diáfanos, compuesto por una serie de bloques rectangulares de piedra clara, con techos cubiertos de hierba, enlucidos con el amarillo y rojo utilizados en las pinturas de las cuevas, que permanecen sumergidos en la ladera de un monte dando lugar a una discreta y respetuosa intervención en el paisaje.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies