La industria tradicional de la lana. Todavía pueden verse en Valdeolea y su entorno los restos de los pequeños refugios levantados en piedra y utilizados en el pasado por los ‘veceros’, vecinos encargados del ganado menor compuesto por ovejas, cabras y cerdos. Al final de la primavera o al principio del verano se procedía a esquilar las ovejas para obtener los vellones. A continuación, éstos se limpiaban arrancando las impurezas y lavando las matas de fibra en el río. Después de secar el material al sol, se procedía a carmenarlo, es decir, a deshacer los vellones en porciones orientando las fibras con los dedos y formando montones dispuestos para su carda. Este proceso tenía el propósito de esponjarlo y dejarlo listo para el hilado y se realizaba con dos tablas armadas con púas metálicas.
La hiladura se realizaba por medio de dos procedimientos: el más antiguo recurría al huso manual y la rueca; el otro, más moderno, fue el torno de hilar, que podía ser torno simple, llamado en Campoo ‘carro’ o ‘carrete para hilar’, o torno de pedal y aleta, conocido aquí como ‘máquina’. Después de obtener los ovillos de hilo, el material quedaba listo para ser tejido en grandes telares manuales (posteriormente podía someterse al proceso de enfurtido en batanes.
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