El pantano del Ebro es la obra de ingeniería más importante de Las Rozas de Valdearroyo y también una de las que más impacto sobre el medioambiente ha provocado en Cantabria. Su construcción se promovió en las primeras décadas del siglo XX, conforme a un proyecto concebido por el ingeniero de caminos Manuel Lorenzo Pardo (se publicó en 1918), y tenía el propósito de bloquear las aguas del río a fin de mantener el caudal durante los meses de verano. Las obras comenzaron en 1926 (el Consejo de Obras Públicas dio su autorización en 1921); en 1947 se cerraron las compuertas y fue inaugurado oficialmente en 1952. En la laguna artificial que baña terrenos de Cantabria y Castilla y León quedaron sumergidas las poblaciones de La Magdalena, Medianedo, Quintanilla de Valdearroyo y Quintanilla de Bustamante (afectó a 300 viviendas y 1.200 habitantes). El embalse tiene casi 22 kilómetros de punta a punta, un perímetro de 100 km y 6.253 ha y se ha convertido en un paraje reconocido en 1987 como Refugio Nacional de Aves Acuáticas.
Otra obra de ingeniería de entidad es el Ferrocarril de la Robla (atraviesa los municipios cántabros de Las Rozas de Valdearroyo, Valdeprado del Río y Valdeolea). La línea une Bilbao y León, salvando una distancia de 339 km. Su origen se remonta a 1890, cuando un grupo de industriales vascos constituyó la Compañía del Ferrocarril Hullero de La Robla a Valmaseda siguiendo un proyecto concebido por el ingeniero de minas Mariano Zuaznavar para enlazar todas las cuencas mineras. Se inauguró en 1894 con un recorrido de 284 km, que más tarde, en 1923, se ampliaron a 339 km con la inauguración del Ferrocarril León-Matallana. La línea servía para transportar carbón desde las cuencas mineras leonesas y palentinas hasta los centros siderúrgicos del Nervión. Después de conocer un importante tráfico de mercancías entró en una fase de abandono progresivo, pasó a ser explotado por FEVE en 1972. En 1991 se cerró parcialmente al paso de convoyes de viajeros. A lo largo de la década de los noventa se llevaron a cabo diversas actuaciones de mejora y modernización de las infraestructuras y de la línea que condujeron al restablecimiento del servicio de viajeros en la totalidad de la línea el 19 de mayo de 2003. En Las Rozas se conserva una de las antiguas estaciones que atendía a esta línea, cedida por FEVE en 1997 y posteriormente rehabilitada.
En cuanto a vestigios de antiguas industrias, en el siglo XIX se desarrolló una importante industria del vidrio en el entorno de Las Rozas. A comienzos del XX, este sector había entrado en crisis y las fábricas que la conformaban desaparecieron (La Luisiana, inundada por el pantano y Santa Clara y Nuestra Señora de la Guadalupe, destruidas). En la actualidad pueden verse todavía las ruinas de La Cantábrica y varias viviendas para operarios.
En este apartado también ha de reseñarse la ferrería de La Pendía, en Bustasur sobre el cauce del Ebro, cuya actividad está documentada entre los años 1765 y 1873. Fue fundada por Diego y Luis de Collantes Velasco y estaba dotada de dos fraguas que consumían 8.000 carros de carbón y 40.000 de leña. Después de resultar destruida durante una riada, fue reconstruida hacia 1812 y dos años más tarde adquirida por Ramón López Dóriga, comerciante de Santander, en manos de cuya familia permaneció a lo largo del XIX. En 1874 fue transformada en un molino harinero.
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