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Suances historia escudo de Suances
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Los testimonios arqueológicos aparecidos en la Punta del Dichoso, la cueva de las Brujas y otros emplazamientos del municipio documentan la presencia humana continuada en la zona desde el Paleolítico. Ya en época histórica se identifica a Suances y su entorno como emplazamiento del Portus Blendium romano y, en cuanto a su situación concreta, se señala al paraje conocido como ‘el Esquilar’. La existencia de esta plaza consta en una cita de Plinio el Viejo extraída de su Historia Natural y en un itinerario escrito en una tablilla de barro que apareció cerca de Astorga. En ella, el puerto se describe como destino final de un recorrido que partía de Legio VII Gemina (se baraja la posibilidad de que se trate de Sasamón –Segisamo– y no de León), pasaba por Iuliobriga, principal enclave romano en el antiguo territorio cántabro, y continuaba a lo largo de la cuenca del Besaya hasta alcanzar el mar. Se estima que el puerto de los blendios jugó un notable papel logístico durante las Guerras Cántabras y más tarde fue punto de partida de la calamina y la galena obtenidas de las minas de Reocín y otros puntos como Comillas, Udías o Mercadal.

La primera referencia escrita de Suances está datada en el año 870, en un documento procedente del Cartulario de Santillana del Mar. En él se cita una villa llamada Suancies, en la cual se localiza una serie de basílicas bajo las advocaciones de San Martín, Santa Leocadia, San Cosme y San Damián, San Salvador y San Félix, cuyo propietario, el presbítero Iames, las dona a Santillana. Santo Domingo de la Barquera de Cortiguera está documentado desde 1107. En los años 1068 y 1230 se datan dos referencias directas al puerto de San Martín de la Arena, la primera en una concesión de pesca que el rey Sancho II hace a la iglesia de Burgos-Oca. Hinojedo aparece en el año 998; Tagle lo hace en 1021, como villa Triclo; el concejo de Puente, en 1022; el barrio de Avíos, en 1023; Ongayo, en 1026; y Cortiguera, en 1127.

En el Becerro de las Behetrías, concluido en 1352, dichos territorios figuran dentro de la Merindad de las Asturias de Santillana. En el mismo registro constan bajo dependencia del dominio eclesiástico de Santillana Suances, Cortiguera, la mitad de Hinojedo, un solar de Avíos y dos de Tagle; en régimen de behetría aparecen Ongayo, la mitad de Hinojedo, más de la mitad de Tagle, casi todo Puente Avíos, un solar de Cortiguera y dos de Suances.

Medio siglo más tarde las vinculaciones se habían modificado y en el Apeo de Pero Alonso de Escalante, fechado en 1404, se observa cómo la mayor parte de las behetrías habían entrado en la órbita de la Casa de la Vega. Este señorío laico logró hacerse con el poder en la mayor parte de la Cantabria occidental. En 1432 las propiedades de esta familia pasaron a engrosar el patrimonio de los Mendoza a través de Íñigo López de Mendoza, tras la muerte de su madre Leonor de la Vega, esposa de Diego Hurtado de Mendoza. La hegemonía de este linaje fue rápidamente consolidada y en 1445 Íñigo López lograba que el rey de Castilla, Juan II, confirmara sus derechos sobre los valles de Asturias de Santillana y su nombramiento como Marqués de Santillana y Conde de Manzanares.

Los Mendoza trataron de hacerse con el control del comercio entre Castilla y el norte de Europa, estableciendo un puerto en Suances en directa competencia con la villa de Santander y la familia de los Velasco (cuyo poder se extendía en la parte oriental de Cantabria) –la abadía de Santillana fue compensada con la entrega del curato de la iglesia de San Cristóbal de Ongayo–. Destinada a proteger este puerto, se erigió la torre de San Martín a la entrada de la ría de San Martín, en unos terrenos adquiridos en 1403. La fortaleza (desaparecida) revelaba una reconstrucción ordenada en la segunda mitad del XV, con garitas similares a las de la torre del Infantado de Potes –que se considera concluida hacia 1437–. Las ambiciones de los marqueses de Santillana se vieron, sin embargo, frustradas al tropezar con la tenaz oposición de Santander, cuyos ciudadanos llegaron a impedir incluso que Diego Hurtado de Mendoza hiciera efectiva una donación hecha en 1466 por Enrique IV en virtud de la cual se convertía en señor de la villa. A finales de siglo los santanderinos lograron que los Reyes Católicos en 1488 y 1490 les reconocieran sus derechos sobre el abra y el puerto de San Martín (los derechos fueron confirmados en 1508 por la reina Juana).

Medio siglo más tarde los concejos de Cortiguera, Cuchía, Cudón, Hinojedo, Miengo, Polanco y Suances lograron en 1557 que una sentencia reconociera a sus vecinos la potestad para pescar en alta mar y en el puerto de San Martín de la Arena, su ría y sus canales (este derecho fue confirmado por una sentencia de la Real Chancillería de Valladolid de 1667).

En los siglos XVI y XVII el comercio y la pesca se convirtieron en una importante fuente de ingresos y los profesionales dedicados a ello se agruparon en el llamado Cabildo de Mareantes o Hermandad de Pescadores (se conservan las ordenanzas de esta cofradía fechadas en 1693). Este hecho no evitó que en la Edad Moderna Suances fuera una zona carente de excesivos recursos y muchos de sus vecinos (que en su mayoría disfrutaban paradójicamente de la condición de hidalgos) se vieran obligados a emigrar a Andalucía y América –fenómeno que persistió hasta el siglo XIX.

Desde el punto de vista administrativo, durante el Antiguo Régimen los concejos (máximos órganos de autogobierno) de aquellas entidades que en la actualidad integran Suances formaban parte del territorio de la Abadía de Santillana que participaba a su vez en el Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar y Trasmiera.

En 1822, en pleno Trienio Liberal y en el marco del nacimiento de los ayuntamientos constitucionales, se formó el ayuntamiento de Suances, integrado por los núcleos de Cortiguera, Hinojedo, Ongayo, Puente Avíos y Suances. En 1835 se produjo una nueva reordenación, que dio lugar al Ayuntamiento de Ongayo, compuesto por las localidades de Cortiguera, Hinojedo, Ongayo, Puente Avíos, Suances, Tagle y Ubiarco (segregado e integrado en Santillana en 1874). Finalmente, en 1890, la Diputación Provincial aprobó el traslado y cambio de sede y se estableció el ayuntamiento de la villa en Suances.

En aquellos años del último tercio del XIX se produjeron una serie de acontecimientos llamados a transformar la economía municipal, entre ellos la explotación de las cercanas minas de Reocín por parte de la Real Compañía Asturiana de Minas, responsable de la construcción del dique de encauzamiento y canalización de la ría de San Martín (1878) –en 1908 se acordó la construcción de un muelle en Requejada costeado por la Real Compañía y por Solvay–; el surgimiento de numerosas instalaciones fabriles en el entorno de Torrelavega (Solvay fue inaugurada en 1908); la apertura de la carretera de Barreda a Suances (1897), y el establecimiento de las primeras instalaciones balnearias en el entorno de la playa de La Concha (en 1875, 1883, 1895 y 1902).

Tras aquellas décadas la costa de Suances se había convertido en uno de los destinos turísticos más pujantes de la región, mientras las localidades del interior, en particular Hinojedo, quedaban englobadas dentro de la gran comarca industrial del Saja-Besaya, sobre todo merced al establecimiento de una fábrica de tostación de la Real Compañía Asturiana de Minas (en 1957 se constituyó AZSA, que integraba la sociedad belga Real Compañía Asturiana de Minas, el Banco Español de Crédito y el Banco Herrero y explotó las minas de zinc de Reocín hasta 2002).

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies