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La riqueza agraria del valle, constituida por tierras de labranza y prados de siega, y la abundante ganadería fueron tradicionalmente los sustentos principales de los corraliegos y, por tanto, la base de la economía de este municipio, en el que también eran frecuentes los trabajos de artesanía y carpintería. Sin embargo, el sector primario ha experimentado un continuo retroceso, en favor de la industria, hasta el punto de que prácticamente se mantiene como un complemento de las rentas familiares. La economía local previa al proceso de industrialización simultaneaba las labores agrícolas y ganaderas con la fabricación de harinas, una actividad rural que se llevaba a cabo en los molinos instalados en los márgenes del río Besaya y en algunos de sus afluentes.
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