En las cimas y laderas de montañas que rodean el valle de Iguña se han localizado importantes testimonios arqueológicos de la Edad del Hierro y época romana, entre ellos, dos asentados sobre las cumbres que coronan la divisoria entre el valle de Iguña y el de Toranzo: Cilda y Espina del Gallego. En este último, situado en el límite de Arenas, Corvera de Toranzo y Anievas, se han descubierto evidencias contemporáneas a las llamadas Guerras Cántabras, identificándose una veintena de estructuras cántabras aterrazadas de un castro de 3,2 hectáreas rodeadas por tres líneas de muralla que se superponen con evidencias latinas (entre ellas un edificio cuadrangular de 83 m de largo y 5 de ancho que se corresponde con los tipos de barracón romano).
En cuanto a los vestigios romanos de la cumbre de Cildá, a 1.064 m de altura y dominando los valles del Pas e Iguña, se extienden los restos de un campamento romano de campaña, de 23-25 hectáreas, del tipo castra in monte o castra necesaria, dotado de estructuras defensivas a base de terraplenes de tierra, fosos dobles, puerta en clavícula... En él ha aparecido material de época augústea. Otro campamento de campaña más pequeño, El Cantón, se halló sobre La Cotera Redonda o La Redonda, entre Arenas y Molledo.
El conjunto arqueológico de La Espina del Gallego, Cildá, Cantón y Campo de las Cercas fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica en 2002.
También se han encontrado restos protohistóricos entre los municipios de Arenas y Cieza, como los castros de Cueto del Agua (también llamado la Ceja de las Lombas), de casi cuatro hectáreas y del cual se conserva una gran muralla, o el Castro Pepín, situado en el collado entre Arenas y Villasuso de Cieza. En Bostronizo, sobre la cima del monte en cuya ladera se halla la iglesia mozárabe de San Román de Moroso, se ubica otro castro: el del Alto del Cueto, que presenta un lienzo de muralla y un camino de piedra.
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