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A mediados de los años noventa del pasado siglo se desarrolló un proyecto de investigación arqueológica sistemática del valle de Matienzo, que dio lugar al reconocimiento y estudio de un importante número de yacimientos de época prehistórica al aire libre y en cuevas.

Al aire libre: El yacimiento de la Muela se encuentra en un collado de la sierra Mullir, en las inmediaciones del monte El Copete se trata de una estación de superficie compuesta por acumulaciones de restos de talla de sílex. Yacimiento de Al aire libre, en los collados y linea divisoria se localizaron una necrópolis tumular, tres estaciones de cantera y un asentamiento, en las cercanías del valle, un asentamiento y dos grupos de túmulos. El yacimiento de La Piluca está formado en realidad por dos distintos situados al norte y sur de la cima La Piluca; los dos se componen de acumulaciones de piezas de sílex. El yacimiento de Beralta-Uzano, está situado en una ladera del camino que concide hasta el alto de Beralta y Piluca; se compone de un par de piezas líticas el conjunto tumular de Cruz de Uzaño se halla en la divisoria entre Matienzo y el valle del Asón; se compone de una serie de tres túmulos y un hito de 80 cm de altura.

En cuevas: Hasta 2003, en el valle de Matienzo se habían documentado 237 km de galerías, lo cual supone un catálogo de 1.856 entradas y sitios de interés espeleológico (vuevas, simas y complejos de más de 40 km). El yacimiento más conocido y uno de los más importantes del valle de Matienzo es la cueva de Cofresnedo, que se abre en la ladera este del monte El Naso, sobre el centro de la depresión de Matienzo, en el barrio de Cubillas. La cavidad tiene un amplio vestíbulo al cual se abre una galería de 275 m con escasas aperturas laterales. En 1964 se descubrieron las primeras evidencias arqueológicas; en sucesivas intervenciones se han podido recuperar materiales que abarcan desde el Paleolítico hasta la Edad Media. Así mismo, se han descubierto manifestaciones de arte rupestre; las más antiguos se datan en el Paleolítico y se localizan en dos puntos de la cueva: el vestíbulo y el interior (dos puntos en la Galería Principal). En la pared derecha de la entrada, a 20 m de la boca, se localizan 14 concentraciones de pintura en un lienzo de 7 m de longitud. Se asocian a las pinturas rojas tamponadas de la Cantabria orienta, un estudio ha revelado una datación anerior al Solutrense, llegando al Auriñaciense. Así mismo Cofresnedo custodia en su interior varios conjuntos de paneles de pinturas del tipo ‘marcas negras’ o ‘esquemático-abstracto’. Se trata de 46 concentraciones de marcas dispuestas en dos paredes en forma de signos o paneles complejos abstractos. Los materiales permiten deducir que Cofresnedo ha atraído a grupos humanos desde hace más de 100.000, como testimonian los restos de época Achelense Superior localizados en el vestíbulo. Hace 30.000, la cavidad empezó a ser utilizada por los Homo sapiens que se desplazaban por esta zona, siendo uno de los paneles de pinturas del interior indicadores de la ocupación en el premagdaleniense. En el Mesolítico siguió cumpliendo la función de refugio y habitación estable que había conocido durante el Paleolítico. Durante el Calcolítico final y la primera Edad de Bronce (1.800-2.500), las galerías del interior se transformaron en lugares de inhumación al tiempo que el exterior era destinado a otros usos económicos. Cofresnedo mantuvo el destino funerario en la segunda Edad de Hierro, si bien en este periodo el ritual incluye la incineracion de los restos humanos, contándose once vasos tipo urna. En la tardoantigüedad y la alta Edad Media, la cueva conoce el último uso; en estos momento se datan tanto algunos materiales cerámicos recuperados así como las marcas negras que se pueden ver en los muros. La cueva de Cofresnedo fue declarada Bien de Interés Cultural en 1997.

Otras cuevas de interés son la cueva de Reyes, la cueva de las Grajas, la cueva de Cubío Redondo, la Cueva de Coburruyo, la Cueva roja, la Cueva de Rascavieja, la Sima del Diente, la Cueva 880 y la cueva 1289. La cueva de Reyes se abre en una ladera del monte El Naso y fue descubierta en 1993; los materiales se distribuyen entre dos puntos y se componen de utillaje metálico de hierro (aperos de labranza) y fragmentos cerámicos de orzas con decoración de dedadas y realces; se les ha datado entre finales del siglo II a.C. y el cambio de era. La cueva de las Grajas fue se halla en la ladera del monte El Duengo; su yacimiento fue descubierto en 1994; se compone de objetos que documentan tres utilizaciones (Calcolítico, cambio de era y Edad Media). El yacimiento de la cueva de Cubío Redondo fue descubierto en 1995; se compone de facies de conchero mesolítico situado en el fondo y en los laterales de la cavidad. La cueva de Coburruyo se encuentra en la ladera del monte Naso, sobre el barrio de Vega; el yacimiento se ha dividido en tres bloques de estudio: yacimiento del abrigo exterior (huesos y material lítico), sector interior y manifestaciones pictóricas (líneas, puntos, manchas). La cueva Roja se abre en una ladera del monte Naso; en su interior se han encontrado una serie de manifestaciones pintóricas del tipo ‘marcas negras’ o ‘esquemático-abstracto’ que se han datado en el año 1.080 d.C. En cueva de Rascavieja se han localizado oseras de especies carnívoras del Pleistoceno, así como evidencias de la práctica de inhumaciones realizadas entre el III y el II a.C. y de ritos con fuego en la Edad de Hierro. La sima del Diente forma parte de un conjunto de cavidades situado en el barrio de la Vega, a mitad de la ladera de la sierra del Naso, en la base de un catil de 800 m de desarrollo; en yacimiento ha proporcionado, entre otros elementos, restos de animales y elementos procedentes de un conjunto funerario del I milenio. El yacimiento de La cubía de la Vega, en la ladera norte del valle de la Vega, ha proporcionado fragmentos cerámicos en siete concentraciones, que componen la circunferencia de un vaso de la Prehistoria Reciente. La cueva 880 se halla en el fondo del valle, junto al extremo de la depresión; su yacimiento ha proporcionado materiales óseos y fragmentos de carbón. La cueva 1289 se halla en el fondo del valle, cerca del sumidero de Carcavuezo; en su interior se han localizado restos de fauna doméstica, así como un notable depósito cerámico en la falda de un cono de derrubios y forman parte de al menos dos vasijas.

Otras cuevas situadas en Matienzo de gran interés por albergar manifestaciones de arte rupestre son: El Risco, situada entre los barrios de Cubillas, El Sedo y Hozana; cueva de los Emboscados, localizada en una zona alta de la ladera sur del valle y reconocida en los años setenta, custodia un conchero mesolítico, un depósito sepulcral de la Prehistoria Reciente y un pequeño conjunto de grabados de animales (destacan dos de un ciervo y una cierva enfrentados) y unas pinturas rojas; y la cueva de El Patatal o de Sotarraña, en la parte alta del monte Naso, de unos 100 m de desarrollo, custodia un grabado representando un ciervo sin cabeza. El Patatal y Los Emboscados fueron declaradas Bien de Interés Cultural en 1997.

También albergan manifestaciones de arte rupestre, en este caso del tipo esquemático-abstracto, las cuevas de Cuatribú, Chica y Concebo. La cueva de Cuatribú abierta en la ladera sur del monte Mullir, tiene un desarrollo de 255 m, tiene un yacimiento en el vestíbulo en el que se recuperó cerámica, restos de fauna doméstica y un hacha de hierro (la pieza más destacada es una olla medieval); la serie de pinturas negras que custodia está distribuida por toda la cueva y se propone una datación medieval para la misma.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies