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Este municipio de 34,4 km2 y 2.242 habitantes se halla en el extremo oriental de la comunidad autónoma cántabra, en el límite con la provincia de Vizcaya, entre Rasines, Ruesga y Soba. Lo atraviesan los cursos del río Asón y sus afluentes, el Gándara y el Carranza, cuyos breves márgenes de bosque y pradería quedan enmarcados por una serie de escarpados acantilados y afloramientos de roca caliza horadados por decenas de grutas y coronados por alturas que rondan los 700 metros. Las más sobresalientes son el pico del Carlista (703 m) y El Moro (823 m), en el límite con el País Vasco.
El valle del Asón acoge la que fue una de las vías de comunicación más popular entre la Meseta y el Cantábrico durante las edades Media y Moderna, pues comunicaba el importante puerto de Laredo con el centro comercial de Burgos. Sobre este camino surgieron las entidades de población de Ramales y Gibaja. La primera fue escenario en 1839 de una batalla entre los ejércitos de los generales Maroto y Espartero que vino a decidir el triunfo liberal en la primera Guerra Carlista. A modo de homenaje, la localidad pasó a llamarse ‘Ramales de la Victoria’.
El municipio se precia de reunir uno de los patrimonios arqueológicos más importantes de Cantabria, compuesto por decenas de yacimientos en cuevas y abrigos rocosos, testimonio de presencia humana desde la Prehistoria hasta la Edad Media. Entre las cavidades está Covalanas, descubierta en 1903 y declarada Monumento Arquitectónico-Artístico en 1924; custodia más de dos decenas de representaciones animales de gran belleza. Otras cavidades destacadas son El Mirón, con una de las secuencias de ocupación más completas de la región cantábrica; la Cullalvera, o la veintena de yacimientos del valle de Carranza. Varias de estas cavernas están incluidas en la Red de Cuevas del Alto Asón, proyecto destinado a gestionar la explotación turística de la riqueza espeleológica de la zona.
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