La muestra más emblemática de arte sacro del municipio es la iglesia de San Pedro, en el barrio de Rucoba que alberga al famoso Cristo de la Agonía, al que se atribuyen diversos milagros. Declarada Bien de Interés Cultural en 1983, fue construida hacia 1500 con una sola nave con bóveda de crucería rematada en una cabecera poligonal. En 1572, siguiendo trazas de Pedro de Rasines, se le añadieron las dos capillas y naves laterales. Cuenta con una bella portada barroca, realizada en la década de los sesenta del siglo XVII y rematada por un frontón semicircular, que incorpora una hornacina con la imagen de San Pedro, flanqueada por las imágenes de Santiago y San Pablo. La torre, a los pies de la iglesia, es obra del siglo XVII.
En su interior, destaca el retablo mayor, cuya traza fue sufragada en los años 1773-1774 por Diego de la Piedra Secadura. Es de estilo rococó y aloja importantes figuras. Destacan un Santo Entierro del siglo XVI, colocado en el sagrario, y un Calvario, que se atribuye al escultor gaditado Gandulfo. A este grupo pertenece el célebre Cristo de Limpias. En la bóveda y los óculos del cascarón se pueden ver una serie de pinturas obra de Andrés de Vierna Simón. También de interés son el retablo de Nuestra Señora del Rosario, trazado en 1752 por Francisco de la Piedra, con una imagen de la virgen atribuida a Luis Salvador Carmona; el retablo de la Vera Cruz, de la primera mitad del XVII; el retablo de San Isidro y San Antonio, de principios del XVIII; y el retablo de San Nicolás de Bari, ejecutado hacia 1680. Otras obras muebles de importancia de esta iglesia son los monumentos funerarios de las capillas de San Jerónimo y Santiago. La primera, fundada por Jerónimo del Palacio Alvarado en el XVI, aloja el sepulcro del general Antonio Cirilo del Rivero; la segunda da cobijo a la estatua yacente de Fernando Palacio tallada en alabastro.
Entre las manifestaciones de la arquitectura religiosa cabe reseñar también las ermitas de la Piedad y de San Roque. La ermita de la Piedad, atribuida a Juan Antonio de Vierna, es una construcción situada en el barrio de Espina de finales del siglo XVIII. Aloja un retablo neoclásico y una interesante colección de óleos de los siglos XVIII y XIX, uno de ellos, Aparición de la Virgen a Santo Domingo, se atribuye al sevillano José Gutiérrez de la Vega. Por último, la ermita de San Roque, edificada también en el siglo XVIII, consta de una capilla mayor de planta cuadrangular y una nave cubierta de madera. Su interior alberga una excelente imagen de la San Roque del siglo XVII.
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